Hedge Funds: Riesgo latente

Muchos recordarán la crisis del Long-Term Capital Management, un fondo creado en 1994 por el Premio Nóbel de Economía Robert Merton, que quebró en septiembre de 1998 arrastrado por una crisis financiera en Rusia, dejando tales secuelas en el sistema financiero mundial, que hicieron que las autoridades y la comunidad financiera fijaran su atención en los hedge funds.

El año que quebró, su capital ascendía aproximadamente a 4.600 millones de dólares. Sin embargo, el fondo no se había limitado a invertir sus capitales propios sino que se había endeudado por valor de hasta 200.000 millones de dólares, es decir, casi 43 veces su capital inicial. En pocos meses, las pérdidas hicieron desaparecer el capital propio, y los gestores del fondo se encontraron con la necesidad de obtener nuevos créditos o proceder a la liquidación del fondo para poder devolver los créditos bancarios.

La amenaza de que esas ventas masivas de títulos aumentara la inestabilidad de los mercados de bonos, divisas y acciones, obligó a intervenir a la Reserva Federal de los EE.UU., quien presionó a los bancos acreedores para que renovasen los créditos al fondo especulativo. Así mismo, se intentó prevenir que debido a las inversiones de varios bancos en dicho fondo, se ocasionara un efecto dominó, y se intensificara la fragilidad del sistema financiero.

Han pasado ya ocho años y los hedge funds ahora sí están de moda. Según recientes estudios, el volumen total de patrimonio gestionado se eleva ya a más de un billón de dólares, estimándose que en EEUU ya están moviendo la mitad del volumen diario negociado en sus bolsas, colaborando, sin duda, en que los mercados ganen en profundidad, liquidez y eficiencia. Es muy probable que también hayan colaborado en la reducción generalizada de la volatilidad de los mercados a niveles históricamente bajos.

Su masiva comercialización incrementa los riesgos

Cuanto más crece el activo gestionado por estos fondos, menores posibilidades existen para encontrar ineficiencias y arbitrajes en los mercados. Los mediocres resultados de estos dos últimos ejercicios en este tipo de fondos, pudieran estar ligados precisamente a su propio éxito de venta.

Pero la mayor competencia para encontrar oportunidades y la necesidad de buscar rendimientos elevados para pagar las altas comisiones de gestión, pudiera estar provocando un aumento del apalancamiento financiero, una elevada concentración de activos o estrategias correlacionadas, y una creciente exposición a instrumentos menos líquidos, en mercados emergentes, materias primas o en productos estandarizados de derivados sobre créditos corporativos.

El impacto de un cambio de ciclo es toda una incógnita, pero si los hedge fund comienzan a salir rápidamente de determinadas estrategias, perturbará a los mercados y afectará al sistema. La situación podría agravarse por una posible iliquidez de activos en un mercado en crisis, no pudiendo deshacer sus posiciones a precios razonables y por tanto, no pudiendo cumplir sus compromisos, arrastrando en su camino a otras instituciones y bancos.

El reciente hecho ocurrido en la Bolsa de Tokio, que se vio obligada a cerrar la contratación ante un aumento inesperado de órdenes tras caer un 5% en dos días, nos debería hacer pensar que los mercados cada vez van a estar más expuestos a órdenes masivas en un mismo sentido, amplificando el movimiento y creando la alarma entre los agentes.

La capacidad de medir y gestionar el riesgo ha aumentado notablemente en los últimos años, pero eso no significa necesariamente que el mercado esté más seguro, porque las crisis son imprevisibles y los nuevos productos derivados, son cada vez más complejos, superando en muchos casos el alcance de la actual regulación y el control de las autoridades; lo que nos incapacita conocer como se van a comportar ante situaciones ahora impredecibles.

Trabaja con un Financial Coach



Coach, lo podemos traducir como entrenador, y tiene sus orígenes en el “coach” o entrenador deportivo el cual se ha venido aplicando a nivel de disciplinas empresariales desde hace algunos años.

El proceso de entrenamiento, llamado “Coaching”, busca desbloquear las potencialidades de una persona para aumentar al máximo su propio desempeño. El Coach pretende ayudar a aprender en vez de enseñar.

Lo anterior se traduce en no limitar ni dejar de lado la opinión y el poder de razonamiento del entrenado, estimularlas para que descubran por ellos mismos y actúen, bajo premisas bien definidas de antemano, sin dar todas las respuestas, ayudarlos a que encuentren sus propias soluciones.

Trabajar con un Financial Coach, recibiendo sesiones de Financial Couching permite reforzar tus conocimientos y habilidades para controlar o manejar mejor tus propias inversiones financieras. Te enseña a aprender, día a día, los mecanismos que permiten el éxito en los mercados.

Este efecto, se produce porque en la relación con un Coach, generalmente estamos abiertos al aprendizaje, a mostrar nuestros errores y con el deseo de encontrar una nueva manera de “ver”. El entrenado, no trata de convencer al Coach de todo lo que sabe o de lo bueno que es. Solo está centrado en recibir de las sesiones lo que sea necesario para mejorar.

El Financial Coach estará comprometido con los resultados que el otro quiere conseguir en el campo financiero y le va mostrando aquello que es incongruente con lo que hace y dice que quiere lograr.

Qué se puede aprender con un Financial Coach

El Financial Coach puede ayudar a una persona a integrar sus propios valores, metas, atributos y personalidad a su planificación de inversiones.

Le ayudará a:

  • Invertir con confianza y con una planificación previa.
  • Entender los riesgos y aprender a manejarlos.
  • Entender los diferentes tipos de productos financieros y sus correlaciones
  • Aprender a reconocer las malas inversiones: escasa rentabilidad probable por riesgo asumido, carteras mal diversificadas, muy correlacionadas, etc.
  • Aprender los secretos de cómo hacer dinero en cualquier mercado y bajo cualquier tipo de tendencia. Ejemplo: se pueden tomar posiciones en mercados bajistas mediante instrumentos derivados.
  • Tomar el control de sus propias inversiones, sin depender de otras opiniones o asesoramiento.
  • Definir su propia filosofía de inversión, basadas en la capitalización de las herramientas y estrategias que mejor se adapten a su propia personalidad, objetivos o deseos.
  • Diseñar una adecuada gestión del dinero (money management): determinar un porcentaje de inversión, minimizando pérdidas y maximizando los beneficios. No olvidar que la bolsa es un juego de probabilidades.
  • Entender la necesidad de reforzar ciertos mecanismos psicológicos necesarios para un inversor: Confianza en uno mismo, Actitud mental positiva, Paciencia, Humildad, Flexibilidad, Control, Disciplina, Formación y Compromiso

Diferencias entre el Coaching y el asesoramiento financiero 
  
   El Financial Coach                     El Asesor Financiero

  

La empresa familiar y los mercados financieros

El proceso de desintermediación financiera, permite a las empresas el acceso directo a los mercados financieros en busca de financiación, mediante la venta de activos financieros emitidos por ésta (bonos, pagarés) o acudiendo a la Bolsa para realizar ampliaciones de capital (por ejemplo vendiendo derechos de suscripción de los actuales accionistas).

La llamada “Banca de Inversión”, es la encargada de colaborar en la transmisión de la liquidez y el riesgo, entre los agentes demandantes y oferentes a través de la intermediación de éstos activos financieros y el cobro de comisiones por sus servicios.

Basta leer los periódicos económicos para observar que los principales inversores en la actual economía global, son las instituciones vinculadas a los mercados financieros: los fondos de inversión, pensiones, fondos inmobiliarios, fondos de capital riesgo, etc.

Los fondos inmobiliarios, actualmente más centrados en oficinas, locales, centros comerciales y ocio, pronto serán los mayores tenedores de viviendas en alquiler, al que necesitarán acudir los demandantes de vivienda que no puedan adquirirla en propiedad.

También se están imponiendo como los principales dueños de edificios emblemáticos o de hoteles, del que reciben rentas por alquiler, delegando su gestión. Es una evidencia que si tenemos una compañía ligada al sector inmobiliario, tendremos una enorme capacidad de generar negocios con estos fondos de inversión inmobiliaria.

Así mismo, la financiación de grandes proyectos se realizan en muchos casos con emisiones de bonos o participaciones preferentes adquiridas mayoritariamente por fondos de inversión y pensiones, las mayores operaciones de compra-venta de empresas cotizadas y no cotizadas se realizan por fondos de capital riesgo, así como la inversión en nuevas empresas, etc., y por supuesto, son los grandes inversores de las compañías cotizadas.

Los bancos y cajas de ahorro crecen sin cesar en su ritmo de concesión de préstamos, porque generan liquidez vendiendo los derechos de dichos préstamos a fondos de titulización de activos, que emiten a su vez bonos adquiridos por otro tipo de fondos e instituciones del mercado financiero.

En este contexto, el accionista de una empresa familiar tiene la obligación de entender los mecanismos, participantes e instrumentos de los mercados de valores, si pretende dar un salto cuantitativo y cualitativo a su negocio.

Un ejemplo sería el plantearse el acceso al mercado bursátil. El exceso de liquidez que hay en los mercados financieros, ávidos de invertir en nuevos proyectos que generen expectativas de beneficios y que permitan la diversificación de los riesgos que ya tienen los inversores actuales, está abonando un terreno muy propicio para la llegada exitosa de nuevas compañías al “parqué”.

En los últimos tres años, las mayores rentabilidades se han obtenido en la inversión en fondos de inversión de pequeñas y medianas empresas (Small-Medium Caps), lo que ha generado una demanda de acciones de compañías de ese tipo, sobre todo por fondos de inversión “especializados”, sin que existan muchas compañías en las que poder invertir.

En resumen, faltan empresas pequeñas y medianas cotizando en los mercados, y por tanto, nuevas ofertas serán bienvenidas por los inversores.

Desde aquí animamos a los accionistas de la empresa familiar a que entiendan que el acceso a los mercados financieros, solo le permitirá obtener ventajas. Entre otras:

– Captar Recursos a Largo Plazo
– Permitir la Desinversión de los Accionistas
– Mejorar y Potenciar la Imagen Corporativa
– Obtener una Fiscalidad más favorable
– Establecer la Estructura Accionarial más adecuada
– Facilitar la Valoración de la Empresa
– Dar Liquidez a las Acciones
– Acceder al Mercado de Capitales regularmente
– Facilitar la realización de Operaciones Corporativas
– Seleccionar, Mantener y Motivar a Directivos y Empleados Clave

Necesitamos saber de bolsa e inversiones


Ya el Talmud, una obra formada mediante la aportación de sentencias desde el 450 a.C. hasta mediados del siglo VI d.C., aconsejaba sobre la necesidad de repartir el ahorro en tres partes iguales: la destinada a la vivienda, la destinada a los negocios y la necesidad de mantener dinero en metálico.

Hoy esa recomendación nos llevaría a aconsejar la diversificación del patrimonio total de un inversor en:

– Inmuebles, mediante compra directa o en fondos inmobiliarios
– Inversiones en acciones en bolsa y/o de tu propio negocio
– Activos líquidos (Bonos, depósitos bancarios, tesorería, etc.)

En la época actual, las perspectivas de mayor duración de la vida, ha puesto de manifiesto la probabilidad de vivir 15-20 años tras la jubilación, en una etapa de reducción de ingresos y un previsible aumento de los gastos.

Por ello, parece sensato ahorrar para construir un patrimonio no ya como precaución, sino como previsión de un hecho cierto, asegurándonos una estabilidad económica para dicha etapa.

En nuestro país, tradicionalmente se ha ido incorporando al patrimonio familiar, los inmuebles en los que se residían. Prueba de ello es que somos el país donde un mayor porcentaje de la población reside en una vivienda en propiedad. Así mismo, los dueños de empresas familiares, concentran en un grado muy alto su riesgo “patrimonial” en su propia compañía familiar.

No obstante y adicionalmente a estas inversiones, se aconseja disponer de un patrimonio “financiero”, por tres motivos principales: por su máxima liquidez, por una necesaria diversificación de “riesgos”, y por la capacidad de generar rentabilidades menos volátiles, y por tanto, más predecibles.

El concepto de liquidez, riesgo y rentabilidad, deberán estar siempre presente en las decisiones a tomar en los negocios y en la construcción y gestión de un patrimonio familiar.

Todos somos capaces de visionar que es más arriesgada, menos líquida y menos predecible, la rentabilidad a obtener (al menos en el largo plazo), en la inversión en negocios de empresas frente a la inversión en activos financieros.

Siguiendo ese prudente criterio de diversificación del patrimonio total, muchos empresarios de éxito, en un momento determinado, ponderan en mayor medida las inversiones en otros negocios (por ejemplo en la Bolsa) y en activos de rentabilidad más cierta, como los bonos, pagarés de empresa, letras del tesoro, etc.

En muchos casos, este cambio se ha producido tras la venta total de su empresa o la entrada parcial de otros socios financieros en la compañía (bolsa, fondos de capital riesgo, etc.).

Ejemplos más recientes en España los encontramos en la venta de paquetes accionariales de fundadores de compañías, como en FCC, Telepizza, Inditex, Jazztel o las reciente ventas de Cortefiel (Familia Hinojosa) o de la familia Hidalgo en Globalia (Air Europa, Halcón Viajes, etc.)

Repercusiones del incremento del ahorro financiero de las familias

En los últimos veinte años, las familias españolas han pasado de tener un ahorro financiero invertido en depósitos bancarios y efectivo del 65% del total, a algo menos del 30%. El 70% restante, está invertido directamente en los mercados de valores (26%) o en instituciones de inversión colectiva, que acuden a dichos mercados para materializar las inversiones del patrimonio de todos los partícipes.

El resultado de este proceso, llamado de desintermediación bancaria, ha supuesto la canalización de la mayoría del ahorro financiero de las familias y empresas directamente hacia los mercados financieros, bien de forma directa o a través de instituciones de inversión colectiva o seguros.

Estas tendencias, es previsible que se manifiesten todavía con mayor intensidad en los próximos años, y uno de los elementos clave de las economías será el mayor grado de sofisticación financiera y los nuevos cambios en la estructura del ahorro, tendentes a suministrar instrumentos más avanzados y dirigidos a ahorradores con mucha mayor formación y mayor capacidad de asunción de riesgo.

La necesidad de conocimiento de estos mercados y productos por parte de las familias y empresas, es tan evidente, que en el futuro es probable que se enseñe la asignatura de mercados financieros en las escuelas o institutos.

Si ya se dispone de un patrimonio financiero, el conocimiento sobre esta materia, permite la adecuación de una política de gestión acorde con las características personales de cada individuo, así como un mejor seguimiento y control de la gestión que pudiera realizar una entidad especializada.

Actualmente, casi todas las entidades ofrecen servicios de asesoramiento y gestión de patrimonios, pero en la mayoría de éstas entidades, dichos “gestores” son comerciales de banca “tradicional”, sin formación específica en inversiones, que ejercen no de “asesores”, sino de “vendedores” de los productos financieros fabricados por su entidad.

Estos productos suelen ser seleccionados por su capacidad de generar comisiones para la entidad comercializadora durante el número máximo de años posible, intentando introducir mecanismos de escasa liquidez para no afrontar traspaso de patrimonios a otra entidad.

Para los realmente expertos, era visible la escasa probabilidad de generar rentabilidades de muchas estructuras y fondos asegurados que se han vendido comercializando en el pasado y que a su vencimiento, han deprimido el patrimonio del cliente en términos “reales” (descontando la inflación).

Por ello, el conocer las claves de los mercados y productos, permitiría a las familias un mayor control de una buena parte de su patrimonio total, siendo capaz además, de seleccionar con mejor criterio, un “socio” financiero que le “ayude” a construir y hacer crecer dicho patrimonio.

La Bolsa y la Teoría de Juegos


Es conocida la importancia de los juegos en el desarrollo mental de los seres humanos desde la infancia, como apoyo para la formación de la personalidad y para aprender a relacionarse con los demás, en situaciones que impliquen conflicto. El estudio de los juegos, ha inspirado a científicos de todos los tiempos para el desarrollo de teorías y modelos matemáticos.

No obstante, el objetivo de la teoría de juegos no es el análisis del azar o de los elementos aleatorios, sino los comportamientos estratégicos de los jugadores en sus decisiones. El resultado de una decisión, dependerá de la conjunción de decisiones de diferentes agentes o jugadores, lo que permite aplicarlo al mundo real de la economía, una ciencia que se ocupa de la distribución de recursos escasos. En mi opinión, cuando “jugamos” a ganar dinero en los mercados, debemos de tener en cuenta los principios de la teoría de juegos.

Con un pensamiento estratégico, podremos convertir la situación de incertidumbre en situación de certeza, utilizando ciertas suposiciones racionales con respecto a los agentes del mercado, y considerando que nuestra decisión será acertada si tenemos en cuenta la posible influencia conjunta de las decisiones de todos los agentes.