¿Quería vender su empresa al Capital Riesgo?

Pues ha tenido muy mala suerte, porque se ha acabado la época dorada de liquidez inmensa para compras de empresas con fuerte apalancamiento financiero.

El apalancamiento financiero permite que la mayor parte del precio que ofrece el Capital Riesgo para comprar empresas sea financiado por bonos o préstamos con la garantía de los activos de la comprada, así como su capacidad de generar flujos positivos en el futuro para hacerle frente.

Pero esta financiación es arriesgada y en este momento nadie quiere riesgos, por lo que los fondos de capital riesgo ya están viéndose afectados por la crisis desatada en los mercados interbancarios y de crédito.

El problema radica en la mayor cautela de los bancos para financiar operaciones con mayor riesgo, lo que unido a un más que probable menor porcentaje de financiación y a mayor coste, la rentabilidad esperada para los inversores en fondos de capital riesgo se reducirá notablemente.

Para equilibrar las cuentas, las valoraciones de las compañías objetivos de compra tenderán a bajar notablemente o las operaciones no serán viables.

Los primeros perjudicados con bastante probabilidad serán los accionistas de Iberia, al darse a conocer que con probabilidad la oferta de compra del fondo de capital riesgo Texas Pacific Group se verá reducida debido a estos motivos: incertidumbre sobre la financiación a obtener y mayores costes.

Resumiendo, que si usted estaba barajando vender su empresa a los fondos de capital riesgo y valoraba que le pagarían unos maravillos múltiplos de diez o doce veces su resultado bruto de explotación (el famoso Ebitda), pues ahora le llegarán con una sustancial rebaja, si es que llegan a hacerle la oferta.

En todo caso, tras la tormenta llegará la calma…

Cuida tu matrimonio laboral

Las relaciones con la empresa, yo lo veo como un matrimonio. En un primer momento conoces la empresa, tienes algún coqueteo en unas primeras citas y firmas el contrato como empleado y empleador, pero lo ideal es firmar enamorado.

Sí, he dicho enamorado. Yo creo en el enamoramiento de una persona por otra, pero también de proyectos empresariales, de una pieza musical, un determinado ambiente, un lugar concreto, etc.

Debe haber amor porque la relación con tu empresa es más intensa que con tu compañero sentimental. Son más horas, y ejerce una influencia en tu vida mayor que cualquier otra cosa, porque va también a marcar tu capacidad de generar una vida mejor el resto de las horas del día.

Por ello, debe haber un enamoramiento inicial y un continuo esfuerzo por mantener la ilusión y el cariño entre ambas partes. Y en eso, ambas partes deben de trabajar en ello. Eso hará que la relación sea duradera, y los vínculos que os unen se fortalezcan.

Pero como en las relaciones entre personas, siempre hay una parte más egoísta (tanto empleado como empleador) y la otra parte puede empezar a “soportar” su relación empresarial por no tener otra alternativa que coger, por no dañar a terceros o por no perder su estatus económico.

Imaginando que la parte que soporta la relación es el empleado (el empleador tiene mayor capacidad de romper la relación) acabará frustrado y con el paso de los años se meterá en una pequeña burbuja, ya que habrá perdido no solo la ilusión por su trabajo, sino habrá perdido hasta la esperanza de mejorar su vida laboral en el futuro. No creerá en la felicidad.

¿Podemos hacer algo para que no llegue esta situación?

Creo que sí podemos hacer algo.

La mayoría de las personas y empresas no son pro-activas, sino reactivas. En sus relaciones laborales o sentimentales, reaccionan cuando aparece otra alternativa, a veces peor que la anterior, incluso la reacción se produce cuando la otra parte actúa (o te echan de la empresa o tu señora se ha ido con otro). A ese otro la llamarán “rompe matrimonios” sin analizar mínimamente qué ha roto, ¿una relación estable o un pequeño acuerdo?: tú trabajas un mínimo de horas y no me crees problemas y yo te pagaré lo mínimo para mantener la legalidad vigente. Parece mentira, pero todavía estos acuerdos siguen vigentes.

¿Quién tenía la culpa de que la relación se haya deteriorado hasta ese punto? Consideremos por la parte del empleado: ¿Seguistes formándote? ¿Eres brillante y trabajador, amable, considerado, respetuoso?

El desenlace puede ser positivo si lo generas tú mismo

Si has sido así, y te dabas cuenta de que la otra parte no respondía a tus estímulos, a tu esfuerzo, la relación no era equitativa, no era justa, y podrías haber actuado antes de que se produjera un desenlace fatal.

Yo creo que los desenlaces pueden permitirte crecer y llenarte de nuevas ilusiones y retos. La experiencia acumulada te permitirá resolver mejor las situaciones que vengan y se mejorará la perspectiva de éxito en tu nueva relación laboral.

Por tanto, intentemos ser pro-activos. Intentemos seguir llevando el timón de nuestras vidas y carreras profesionales.

Crisis en los mercados

¿Qué proceso ha generado tan absoluto cambio en el ánimo de los inversores? . . . porque hemos pasado de la ambición más absurda que hacía olvidar todo tipo de riesgos inherentes a las inversiones en los mercados, al pánico más absoluto a algo que no sea un activo financiero emitido por el Estado.

En mi opinión esta crisis no es económica, sino una crisis de “confianza” que ha generado una elevación a niveles absolutamente extraordinarios del grado de aversión al riesgo. Esta crisis de confianza, genera una crisis de liquidez al impedirse un normal desarrollo de los mercados interbancarios (mercado donde los bancos se prestan entre ellos) y una traslación a todo tipo de mercados, siendo los más perjudicados los de renta fija corporativa (crédito) y los mercados de renta variable.

Una crisis de confianza es peligroso, porque los mercados se mueven por expectativas futuras, por la confianza que el escenario sea benigno a futuro, pero también si el escenario tiene buenas bases fundamentales tal como es el actual, una crisis es algo que se puede arreglar con medidas como las que se están tomando, adicionándolo con posibles recortes de tipos de interés (o paralizar las subidas) y con un poco de tiempo. El tiempo solo corre a favor de los inversores de medio y largo plazo.

No obstante, los riesgos están encima de la mesa. Evidentemente, una situación de crisis de confianza, si dura más de lo debido, paraliza las inversiones, tanto productivas, inmobiliarias, financieras, etc., lo que puede producir una fuerte desaceleración económica. Además está por ver los efectos en las cuentas de resultados de los bancos y compañías de seguros, el impacto en las operaciones corporativas, en la refinanciación de préstamos de grandes entidades, etc.

Creo que los movimientos convulsivos de venta y salida desproporcionada de inversores apalancados, así como movimientos de fuertes coberturas ya ha acabado y que con probabilidad se valorará a partir de ahora mucho más los datos macroeconómicos y los resultados empresariales, pero es evidente que la situación actual no invita a tomar posiciones en los mercados considerando que muchos inversores han perdido la rentabilidad que llevaban acumulada.
Por lo anterior, solo los más agresivos deben de ir aprovechando las caídas para ir incrementando su posición de cara a un posicionamiento a largo plazo.