Gestionar personas libres

El mundo laboral está cambiando. Ahora las empresas están obligándose a buscar el talento, retenerlo y desarrollarlo, en una sociedad en la que se está acabando la repercusión de un apellido, o los orígenes sociales, o provenir de una región u otra. Es la época de la meritocracia. Si tienes talento, crecerás profesionalmente o podrás encontrar otra empresa deseosa de conseguirlo. La libertad de elección está alcanzando cada vez mayores cotas dada la demanda de profesionales de éxito y la escasa oferta existente.
Muchas compañías se dan cuenta que cada vez tienen más empleados que se sienten personas libres de ataduras, que gestionan su carrera profesional, que no sucumben al desaliento si su jefe le dificulta la relación laboral, si la retribución, formación o ambiente no se adecua a la sociedad del siglo XXI.

Todo este cambio viene produciéndose con mayor intensidad en los últimos diez años, acelerándose el proceso con la entrada de nuevas generaciones en el mercado laboral. Esta generación es mucho más defensora de una conciliación laboral con su vida personal y su visión alcanza más el corto plazo, siendo reticentes a enormes esfuerzos a la espera de prometedoras esperanzas de futuro, que en la mayoría de los casos nunca llegan si no toman ellos mismos el timón de sus vidas laborales.

El talento crea vínculos emocionales con los clientes
Muchas empresas son conscientes de este nuevo entorno. Son conscientes de que el talento es el principal activo de las compañías, principalmente de las compañías de servicios. Imagínense como funciona un banco, donde la posibilidad de acceder a determinados productos casi son estandard (fondos, seguros, tarjetas, préstamos).
Exceptuando la tecnología (que se puede comprar), la diferencia de un banco a otro son las personas. Por un lado las que dirigen. Ellas son las que marcan las políticas, configuran el ambiente y otorgan las herramientas para ofrecer sus servicios a sus clientes y por otro lado tenemos al equipo de personas que están ahí atendiendo a sus clientes. Sinceramente, si nuestro empleado favorito del banco de la esquina se fuera al competidor, con bastante probabilidad te plantearás cambiar de banco.

La dificultad de atraer, motivar y retener talento en las empresas está directamente relacionado con la dificultad de atraer, mantener y vincular emocionalmente a los clientes, siendo el principal activo de las compañías de servicios, porque los empleados son el principal punto de contacto con los clientes.

Cuales son las recetas de las denominadas “mejores empresas para trabajar”

El pasado 20 de septiembre la revista Actualidad Económica nos ofrecía el ranking de las mejores empresas para trabajar, tras evaluar la estrategia en gestión de personal de 132 empresas. El ranking lo lidera BBVA, tras valorar la gestión del talento como prioridad estratégica desde la Alta Dirección. Para mí no hay duda, su futuro empresarial tiene más oportunidades de éxito que otras entidades, todavía ciegas a este absoluto cambio que se está generando.

Los puntos en los que destacan las empresas mejor lideradas en dicho ranking y que fueron valoradas por Actualidad Económica son los siguientes:

1.- Gestión del talento: políticas de atracción y potenciación, con políticas de desarrollo profesional, medición de rendimientos, reducción de índices de rotación, etc.

2.- Retribución y compensación: aunque cada vez menos gente de talento elige un trabajo puramente por motivos salariales, las empresas líderes se esfuerzan en combinar beneficios sociales con salario fijo, retribuciones variables y retribuciones en especie.

3.- Ambiente: Las empresas líderes se esfuerzan en que el entorno de trabajo sea el más adecuado para que el talento sea aprovechado, favoreciendo la creatividad y el trabajo en equipo, abordando también el horario de trabajo, las políticas de conciliación, el teletrabajo, etc.

4.- Formación: Es el apartado que va conteniendo más peso como forma de atraer y motivar al talento. Esta es una preferencia estratégica de las líderes utilizando diversas herramientas como crear masters propios o una universidad corporativa.

5.- Responsabilidad Social Corporativa: el esfuerzo de muchas compañías por impulsar medidas de responsabilidad social les permite distinguirse, generando la oportunidad de atraer al mejor talento a su compañía.

Quisiera finalizar pedir reflexión a los dirigentes empresariales señalando unas palabras que recientemente escribió Carlos Losada (Director General de Esade): en la sociedad del conocimiento, la guerra por el talento no consiste en elegir a los mejores, sino en ser capaz de atraerlos y retenerlos.

El ajedrez mejora nuestra capacidad directiva

Quería hacer referencia a un artículo publicado en http://www.expansionyempleo.com/ sobre un libro escrito por Gary Kasparov titulado “Como la vida imita al ajedrez”.

En él, invita a reflexionar sobre las reglas del ajedrez y de los negocios, ya que son iguales para todos. Lo que debemos hacer -dice el genial ajedrecista- es detectar qué es lo que nos funciona mejor y luego, a base de retos y dificultades, desarrollar nuestro propio método. Cómo conseguir el éxito es un secreto, porque sólo se puede descubrir analizando nuestras propias decisiones. No se puede enseñar a tomar mejores decisiones, pero se puede aprender de uno mismo.

El libro señala varios puntos que necesitamos focalizar para mejorar el rumbo de nuestras vidas personales y profesionales:

Conocernos mejor

Conocerse a uno mismo es esencial para combinar tu sabiduría, experiencia y talento con un mayor rendimiento. Hay que ser profundamente consciente de los métodos que te llevan a la toma de decisiones.

Planificación

Comenta Kasparov que la planificación a largo plazo no tiene que ver con decisiones futuras sino con el futuro de las decisiones actuales. Las tácticas para el futuro no son estrategia. Las tácticas se realizan a base de cálculos: si el contrario hace tal cosa, yo hago la otra; si él me quitó un peón, yo tomaré su alfil. Si nuestro competidor aumenta los precios, nosotros aumentaremos la producción. Son reacciones programadas, pero la estrategia tiene que ver más con los objetivos.

Hay un dicho en ajedrez que dice que la táctica consiste en saber qué es lo que hay que hacer cuando y donde haya algo que hacer, mientras que la estrategia consiste en saber qué es lo que hay que hacer cuando no hay nada que hacer. Los directivos que echan la culpa a una estrategia defectuosa es que no tienen ninguna estrategia, pasan de una escaramuza táctica a otra sin seguir ningún rumbo estratégico.

Autocontrol

Es difícil mantener el rumbo y no caer en la tentación de recoger el guante del competidor y aceptar su desafío. Eso requiere un autocontrol firme, ya que las presiones para cambiar son enormes. Nuestro ego desea probar que podemos batirle en su propio terreno. Cada ajedrecista y cada empresa pueden tener estrategias distintas en la misma posición que pueden resultar igualmente eficaces, por lo que se puede afirmar que en los negocios no existe una única estrategia.

El 50% de las decisiones de un directivo son idénticas a las de cualquier hombre de negocios competente. Es el otro 50%, o incluso ese 10% más complicado, el que marca la diferencia. El gurú japonés Kenichi Ohmae dice que la pregunta “¿Por qué?” es la que distingue a los empleados de los visionarios. Si queremos entender y desarrollar nuestra estrategia debemos hacernos constantemente esa pregunta. Hay muchos ajedrecistas que repiten los movimientos que antes han realizado muchos grandes maestros y nunca llegan a saber por qué lo hacen.

Cuestionarse a uno mismo debe convertirse en un hábito lo suficientemente arraigado como para superar los obstáculos del exceso de confianza y el desánimo.

Keines nos enseña a jugar en Bolsa

Quizás hayan oido hablar de John Maynard Keynes (1883-1946), un afamado economista británico cuyas ideas tuvieron un fuerte impacto en las teorías económicas y políticas modernas, siendo considerado uno de los principales fundadores de la macroeconomía moderna.

Keynes fue un inversor bursátil exitoso, construyendo de esa manera una considerable fortuna. Administraba un fondo del King’s College de Cambridge que desde 1928 a 1945, a pesar de recibir un fuerte varapalo en la gran caída de Wall Street del 29, la rentabilidad del fondo tuvo un rendimiento anual medio del 13%, frente al nivel general de un 0,5% en Reino Unido.

El enfoque generalmente adoptado por Keynes con sus inversiones se resumía en una selección cuidadosa de unas pocas inversiones considerando un bajo precio en relación a su valor intrínseco probable y potencial a largo plazo, el mantenimiento de estas acciones por varios años hasta que se cumple su expectativa o se hace evidente el error de su compra y una adecuada diversificación de los riesgos con posiciones equilibradas de distintos activos que mantuvieran correlaciones negativas, buscando la posibilidad de que se movieran de forma opuesta con fluctuaciones en los mercados (por ejemplo tomar oro y acciones, ya que el oro forma parte de la huída hacia la calidad en épocas de crisis).

No obstante lo anterior, Keynes comparaba la bolsa con los concursos de belleza. En la época en la que vivió Keynes se hacían concursos de belleza en los periódicos, siendo los lectores los que elegían entre cien fotografías las seis caras más bonitas. El premio lo ganaba el concursante cuya elección se acerque más a la media de las preferencias del conjunto de concursantes, de modo que cada concursante tiene que elegir no las caras que más le gusten a él, sino las que considera más probable que les gusten a los otros, los cuales están efrentándose al mismo problema desde la misma perspectiva. Es decir, que dedicaban sus inteligencias a prever lo que la opinión media espera que sea la opinión media.

Igual que en el concurso de la época de Keynes, en las inversiones en bolsa debemos valorar nuestras apuestas considerando los movimientos del resto de inversores. En esta difícil tesitura, lo que hacían los participantes de los concursos de belleza y lo que hace siempre el inversor es, según la teoría de juegos, buscar un rasgo distintivo (en términos técnicos, un punto focal) y aferrarse a ese referente esperando que los demás hagan lo mismo. Un hoyuelo en el mentón o una nariz algo más prominente de lo que aconseja el canon es un punto focal en el concurso de belleza.

El juego de la bolsa contiene muchas de estas propiedades. Nada garatiza que las mejores acciones (por sus fundamentales) sean las más rápidas en revalorizarse. Ganaremos dinero si adivinamos qué acciones cree el resto de la gente que van a subir, poniéndonos en el lugar de todos los demás a la vez, aunque cuando pasa esto, cualquier cosa puede ser posible.

Los monetarios dinámicos en posible declive frente a los depósitos

Tras dos meses de fuertes turbulencias en los mercados, podemos afirmar con rotundidad que los fondos monetarios dinámicos han salido muy perjudicados en esta actual crisis. Rentabilidades no esperadas han dañado seriamente la confianza de los clientes conservadores, que se ven cada vez más seducidos por los depósitos bancarios a plazo, una inversión segura y de rentabilidad cierta.

Este tipo de fondos, vendidos masivamente gracias a una histórica buena relación rentabilidad-riesgo, han tenido un comportamiento inesperadamente negativo en estos últimos dos meses, al encontrarse una situación excepcional de iliquidez, con activos de dificil valoración a precio justo y muchos nervios en sus partícipes.

Los fondos monetarios dinámicos suelen invertir en activos de mayor riesgo a la espera de obtener un mejor rendimiento sobre los monetarios “clásicos”. Pueden tomar posiciones en bonos corporativos, high yield, bonos convertibles, emergentes o bonos de titulización y ser adicionados con estrategias de arbitraje de divisas, diferenciales de crédito, etc.. Todos estos tipos de activos y estrategias (normalmente apalancadas) se han visto seriamente dañados por el tornado subprime, lo que ha cogido desprevenidos a la mayoría de expertos e inversores.

¿Por qué los gestores no valoraron los riesgos?

Este tipo de productos hacen gala de un impecable control de sus riesgos en base a cálculos estadísticos sobre comportamientos pasados y las correlaciones de los activos, valorando las probabilidades de pérdidas y rendimientos objetivos.

El peligro de este tipo de valoraciones, radica en que al valorar el riesgo mediante datos históricos, el cálculo de probabilidades tiende a agruparse alrededor de medias, dejando fuera sucesos extraordinarios como los que hemos vivido, invisibles a medias o cálculos estadísticos, pero que pueden causar graves daños.

En el artículo publicado en el diario Málaga Hoy de 24-7-07 por Gumersindo Ruiz, planteaba una metáfora tomada de Nassim N. Taleb en “El cisne negro, el impacto de lo altamente improbable”:

“Cuando un grano de arena cae sobre una montaña de otros granos de arena, la forma en que el terreno está organizado es lo que determina si puede haber una avalancha” . Según afirmaba Gumersindo Ruiz tres semanas antes del gran colapso en los mercados, ” las amenazas y los problemas mayores no suelen venir de lo obvio, sino de lo que permanece oculto. Un hecho fortuito y aparentemente de escasa envergadura podría generar una reducción brusca de la liquidez y del crédito”.

Campo de batalla

Aún pesan las amenazas sobre lo que no conocemos, y por ello, es dificilmente valorable todavía la situación para estos productos, ya que el riesgo está disperso, repartido en inversores, fondos e instituciones, a través de la utilización de complejas estructuras financieras.

Esta situación, obliga a muchos clientes conservadores a plantearse si un mejor tratamiento fiscal de los fondos compensa el tener en cartera productos que en muchos casos ha tenido rendimientos negativos por encima del 2% este pasado mes de agosto, por lo que el campo de batalla está preparado para abordar la guerra del dépósito de aquí al cierre del año.

En este momento existen muchas ofertas en depósitos a un año superando el 4,50% de rentabilidad y tenemos cierta facilidad de encontrar ofertas al 5,00%, ahora que el euribor roza el 4,75%, lo que le está aportando un gran “éxito de ventas”. Según los datos del Banco de España, los depósitos a plazo han captado desde enero a junio 30.553 millones de euros, un 60,8% más que hace un año.

Adicionalmente, los bancos se encuentran con dificultades para financiarse a plazo en el mercado interbancario, así como en el mercado de capitales emitiendo bonos, cédulas hipotecarias, ampliando capital, etc. Si la situación de crisis se mantiene, los bancos intentarán mantener e incrementar la actual política de captación de pasivo mediante depósitos, una inversión segura y de rentabilidad cierta.

Las agencias de rating en el ojo del huracán

Standard & Poor’s (S&P), Moodys y Fitch, son las tres compañías más importantes de calificación crediticia del mundo. Estas agencias, de carácter privado, realizan informes sobre la viabilidad financiera de emisores de activos, otorgando una calificación o rating (una especie de nota) en función de la probabilidad de impago de intereses o capital.

La enorme profusión de deuda emitida y la gran sofisticación actual de los productos, impide el buen conocimiento, y sobre todo, el conveniente seguimiento de estos emisores, por lo que todos los intervinientes del mercado utilizan dichas calificaciones para valorar la rentabilidad que reciben por el riesgo de que se produzca un impago. La medición de la probabilidad de impago la realizan los inversores valorando dichas calificaciones.

Una calificación de “Triple o Doble A” por S&P hasta ahora eran sinónimos de escasos riesgos y por ello los inversores recibían una rentabilidad más reducida. Pero esta “tormenta” en el mercado de crédito, ha reducido fuertemente el valor de muchos activos con dichas calificaciones, aumentando notablemente los riesgos en la inversión y abriendo una enorme brecha en la confianza en sus controles y capacidades de enjuiciar a los nuevos productos, muy complejos hasta para estas instituciones.

Desde el Senado de EEUU llega la solicitud de explicaciones y Bruselas ha abierto una investigación para determinar el nivel de responsabilidad de estas agencias en esta crisis, al no haber podido o sabido advertir con antelación o con la suficiente insistencia de los riesgos del mercado de bonos cuya garantía eran hipotecas de alto riesgo.

A la Presidenta de S&P ya le ha costado el puesto, pero es absolutamente insuficiente para recuperar la reputación perdida. Sinceramente, creo que tardarán bastante en volver a ganarla.