El dólar y los Fondos Soberanos

En este momento todos los inversores y analistas se esfuerzan en adivinar los motivos por los que el dólar sigue debilitándose frente al euro. El acierto tendría premio, parar ver cual es el mejor momento para volver al dólar.

Sin duda, el diferencial de tipos de interés y de ciclo económico de EEUU frente a Europa está pesando, así como el gran déficit comercial de EEUU. No obstante, según mi criterio, existen claros indicios de que el dólar ya ha volatilizado su superpoderío de líder de las reservas mundiales.

Muchos paises con elevados niveles de reservas en divisas, están creando unas estructuras llamadas Fondos Soberanos de riqueza, Sovereign wealth fund (SWF), que son fondos creados, financiados y controlados por los gobiernos.

Arabia Saudi, Kuwait, Emiratos Arabes Unidos, Rusia, Noruega, Singapur, China o Corea del Sur, son algunos países que ya lo crearon hace tiempo y que se sabe están diversificando cada día más en otras divisas fuertes, como euro, franco suizo, libra y dólar australiano, que les ayude a protegerse contra las devaluaciones del dólar. Otro de sus objetivos es balancear más claramente el peso de sus socios comerciales con las divisas que compongan sus fondos de reserva.

Según el banco de inversiones Morgan Stanley, sus recursos ascienden hoy a 2.5 billones de dólares, una cifra más de dos veces superior al PIB de Brasil. Esta cifra se puede incrementar anualmente (según apunta “The Economist”) en 450.000 millones, con lo que podrían llegar a manejar 17,5 billones en 2015.

Estos fondos se constituyen con dinero proveniente, básicamente, de las reservas internacionales de los Estados, de los ingresos que obtienen por las exportaciones de recursos naturales (minería, petróleo, etc.) y por los fondos de pensiones administrados por los gobiernos.

El culpable del fenómeno es el fuerte desequilibrio comercial de EEUU acumulado en esta década, dado que el déficit por cuenta corriente de la superpotencia sigue estando en el orden del 5,5% del PIB, generando montañas de dólares a los países asiáticos así como de los países productores de petróleo y minerales.

Como ejemplos más ilustrativos, está China que ya acumula 1.2 billones de dólares en reservas y Japón otros 900.000 millones, dando lugar a un “exceso de ahorro global”.

Así mismo, el creciente comercio entre los miembros de la OPEP de Oriente Próximo y la UE ha agravado el problema para los países árabes productores de crudo. Por ejemplo Arabia Saudí obtiene el 30% de sus importaciones de Reino Unido y la zona euro y sólo un 10% de EEUU, con lo que calcula el precio de su petróleo cada vez más en euros y libras porque ésas son las monedas que utiliza para pagar sus importaciones.

Proceso sin retorno

Hasta hace realmente muy poco tiempo, estos gobiernos invertían básicamente esta ingente cantidad de reservas en bonos del tesoro norteamericano, lo que ha permitido financiar con holgura y bajos tipos el déficit norteamericano. Pero estos países ya están abandonando la seguridad de sus bonos del tesoro para mejorar el binomio Rentabilidad/Riesgo de sus inversiones con una mayor diversificación, trasladando parte de su liquidez hacia otras divisas distintas del dólar, asumiendo el euro cada vez más protagonismo, a la vez que también se trasladan hacia otros activos distintos a la renta fija (materias primas, renta variable, capital riesgo, sector inmobiliario, etc.).

Todo lo anterior está poniendo nervioso a muchas autoridades. No solo afecta a la evolución del dólar, sino que se está notando su entrada en sectores concretos de la economía global a través de la entrada en empresas de forma directa o a través del capital riesgo.

Deberemos vigilar a estos fondos soberanos, porque se convertirán muy pronto en los principales actores de los mercados financieros. La evolución de los mercados de acciones, bonos y divisas pueden estar en sus manos.

La estrategia será intentar convencerlos de que estén de nuestro lado…

La estrategia de ser diferente

“No son las especies más fuertes las que sobreviven, ni las más inteligentes, sino las que mejor responden al cambio” (Charles Darwin)
(Inspirado y tomando referencias del seminario “Creatividad e innovación en la empresa: el arte de competir” impartido por el profesor Favio Novoa en el Instituto Internacional San Telmo Mayo 2007)
En este nuevo milenio las empresas se enfrentan a numerosas amenazas que pueden ponerlas en serias dificultades para perdurar en un escenario realmente hostil y radicalmente distinto al que se conocía hace tan solo diez o quince años.

Los competidores crecen continuamente ofreciendo una gran cantidad de productos de muy buena calidad. Los márgenes cada vez se reducen más, los clientes presionan buscando servicios impecables, calidad en los productos y buenos precios, los distribuidores multiplican sus tentáculos y nuestros productos y servicios se están convirtiendo en genéricos, difícilmente distinguibles del resto.

¿Qué hacer en este entorno? ¿Cómo seguir siendo competitivo ahora y en el futuro? La innovación para ser diferente puede ser la gran receta, tal como comenta el Profesor Novoa: “Hace quince años, las empresas competían en precio. Ayer competían en calidad. Hoy compiten en tiempo y en servicio. Mañana competirán en Innovación”

Siempre se puede reducir costes y mejorar nuestros productos y servicios, pero para competir en este nuevo milenio, necesitamos ser diferentes. Hal Riney (un famoso publicista) comentaba lo siguiente “La mayor parte del tiempo, el tratar de optimizar las cosas no me ha dado muchas satisfacciones. Al parecer siempre hay alguien que sabe hacerlo mejor”

Michal Porter, un famoso experto en estrategia competitiva también comentó al respecto: “Las estrategias ganadoras no son aquellas que tratan de hacer una empresa mejor que las demás, ¡sino diferente! Si todas las empresas luchan por conseguir la misma ventaja, ya no será ventaja”

Evidentemente, si todas las estrategias de las compañías de un mismo sector tienden a ser similares, entonces nadie ganará dinero. Por lo tanto, más que trabajar para ser mejor, es recomendable esforzarse por ser diferente.

Ser diferente es descubrir segmentos de mercados aún inexplorados, identificar nuevas necesidades del cliente que permanecen insatisfechas por la competencia y desarrollar nuevas formas de producir, entregar, vender o distribuir productos y servicios.

El futuro va a ser diferente, por lo que no podemos creer que será una continuación del pasado. Debemos dejar de analizar lo que hicimos para pensar en lo que haremos. Tenemos que aceptar el reto de ser diferentes, aunque debamos de olvidarnos de las viejas estrategias, modelos, suposiciones y paradigmas.

Decía Keynes, famoso economista británico, “La cosa más difícil del mundo no es que las personas acepten ideas nuevas, sino hacerles olvidar de las viejas”. Albert Einstein comentaba: “Usted no puede resolver un problema pensando de la misma forma en que usted lo hacía cuando creó ese problema. Ingenuidad y locura es seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes.”

Las empresas que llamamos razonables son las que se adaptan al entorno y creemos que las irrazonables son las que tratan de cambiar el entorno, por eso el progreso depende de lo que a priori podríamos considerar como irrazonable. A numerosos innovadores le llamaron locos a lo largo de la historia; desde Galileo, Darwin, Grahan Bell o Edison hasta algunos más recientes como el creador de Federal Express o Ted Turner cuando creó la CNN.

Crear una organización que inspire ser diferente

Para ser diferente hay que innovar. Para innovar, debemos de generar y estructurar una organización innovadora, ya que las empresas de éxito serán las que sean capaces de sobrepasar a sus competidores usando el cerebro (por la innovación) y no por sus músculos (por tamaño).

Una organización innovadora es la que crea un entorno que estimula y facilita la innovación, convirtiéndola en una auténtica “máquina” de contínua generación creativa.

Pero es más fácil de decir que de hacer. En la mayoría de las empresas se da tanta importancia a hacer “lo correcto” que virtualmente no queda campo para la imaginación, por lo que no se hará nunca nada nuevo. Peter Drucker comentaba: “No hay falta de creatividad. Lo que sucede es que, en la mayor parte de las organizaciones, hacemos lo imposible para aplastarla”

En mis más de veinte años de profesión, he comprobado como a las personas creativas de las organizaciones se les empuja mantener su talento creativo oculto, relegándolo hacia otros campos personales, lo que a muchos les incita a convertirse en emprendedores de sus propios proyectos. Obviamente las compañías han tenido demasiado tiempo un modelo mental “operativo”, lo que les impide romper la burocracia, aunque desearan esforzarse en innovar.

De nuevo volvemos a la idea ya comentada recientemente en este blog de la necesidad de las empresas en captar, mantener y retener talento, y sin duda el mejor talento es el creativo. El talento creativo es el futuro de las empresas y en el actual entorno debe ser considerado como uno de los focos estratégicos más importantes en la agenda de la Alta Dirección.

La Alta Dirección de la empresa utilizando la innovación, debe buscar un nuevo terreno donde no tenga competencia, no participando en el juego que propone el mercado, formulando una estrategia distintiva que cambie las reglas de juego. Esto le permitirá generar una especie de monopolio debido a la innovación lograda (en productos o servicios), estando allí solo en el mercado de forma transitoria hasta que lleguen los competidores.

Las empresas de éxito serán las que utilizando la innovación decidan ser diferentes, ser únicas, no imitando, sino distinguiéndose a base de cambiar las reglas del juego.

El Caso del Cirque du Soleil.

(Tomado de “La Estrategia del Océano Azul” – W. Chan Kim y Renee Mauborgne)

El mundialmente famoso Cirque du Soleil fue creado en Canadá en 1984 por un grupo de actores, sus representaciones han conseguido llegar a más de cuarenta millones de personas en noventa ciudades de todo el planeta.

A primera vista, pocos considerarían una buena idea montar una empresa relacionada con el mundo del circo. De hecho, el circo, como concepto tradicional, está de capa caída. Su público natural, los niños, hace tiempo que viven más interesados por los juegos electrónicos que por lo que sucede bajo una carpa.

Desde el punto de vista estratégico, la industria del circo era a todas luces algo poco atractivo. Antes de que surgiera el Cirque du Soleil, los circos estaban inmersos en una competencia feroz para ver quién conseguía atraer a los mejores payasos, los mejores domadores, en definitiva, quién conseguía tener más estrellas entre su elenco. Esto hizo que los costes aumentaran de forma desmesurada en medio de un hundimiento de la demanda por este tipo de espectáculos. Esta batalla dejó de tener sentido para el Cirque du Soleil, que no podía ser considerado ni como un circo ni como una producción teatral. De hecho, consiguió romper las fronteras de la industria, tal y como se conocían hasta ese momento, al ofrecer a la gente la diversión y emoción propias del circo (manteniendo sus símbolos tradicionales, como la carpa, los payasos y los ejercicios acrobáticos) junto con la sofisticación y riqueza intelectual del teatro (cada representación tiene su propio hilo argumental, hay danza, se escucha música compuesta especialmente para la ocasión, etc.).

Por otra parte, las representaciones del Cirque du Soleil se dirigen a un público de todas las edades (no solo a niños acompañados de sus padres), lo que unido al carácter único de cada una de sus giras ha hecho aumentar de forma asombrosa la demanda de este tipo de espectáculos, con el añadido de que puede cobrar tarifas parecidas a las de los teatros (superiores a la entrada de un circo tradicional). El Cirque du Soleil ha sabido crear un “océano azul” caracterizado por un concepto de espectáculo innovador, nítidamente diferenciado de las industrias preexistentes (circo y teatro), ha reducido los costes en aquellos factores en que la industria venía compitiendo tradicionalmente y ha ampliado las fronteras del mercado mediante la diversificación del público al que se dirige.