Keines nos enseña a jugar en Bolsa

Quizás hayan oido hablar de John Maynard Keynes (1883-1946), un afamado economista británico cuyas ideas tuvieron un fuerte impacto en las teorías económicas y políticas modernas, siendo considerado uno de los principales fundadores de la macroeconomía moderna.

Keynes fue un inversor bursátil exitoso, construyendo de esa manera una considerable fortuna. Administraba un fondo del King’s College de Cambridge que desde 1928 a 1945, a pesar de recibir un fuerte varapalo en la gran caída de Wall Street del 29, la rentabilidad del fondo tuvo un rendimiento anual medio del 13%, frente al nivel general de un 0,5% en Reino Unido.

El enfoque generalmente adoptado por Keynes con sus inversiones se resumía en una selección cuidadosa de unas pocas inversiones considerando un bajo precio en relación a su valor intrínseco probable y potencial a largo plazo, el mantenimiento de estas acciones por varios años hasta que se cumple su expectativa o se hace evidente el error de su compra y una adecuada diversificación de los riesgos con posiciones equilibradas de distintos activos que mantuvieran correlaciones negativas, buscando la posibilidad de que se movieran de forma opuesta con fluctuaciones en los mercados (por ejemplo tomar oro y acciones, ya que el oro forma parte de la huída hacia la calidad en épocas de crisis).

No obstante lo anterior, Keynes comparaba la bolsa con los concursos de belleza. En la época en la que vivió Keynes se hacían concursos de belleza en los periódicos, siendo los lectores los que elegían entre cien fotografías las seis caras más bonitas. El premio lo ganaba el concursante cuya elección se acerque más a la media de las preferencias del conjunto de concursantes, de modo que cada concursante tiene que elegir no las caras que más le gusten a él, sino las que considera más probable que les gusten a los otros, los cuales están efrentándose al mismo problema desde la misma perspectiva. Es decir, que dedicaban sus inteligencias a prever lo que la opinión media espera que sea la opinión media.

Igual que en el concurso de la época de Keynes, en las inversiones en bolsa debemos valorar nuestras apuestas considerando los movimientos del resto de inversores. En esta difícil tesitura, lo que hacían los participantes de los concursos de belleza y lo que hace siempre el inversor es, según la teoría de juegos, buscar un rasgo distintivo (en términos técnicos, un punto focal) y aferrarse a ese referente esperando que los demás hagan lo mismo. Un hoyuelo en el mentón o una nariz algo más prominente de lo que aconseja el canon es un punto focal en el concurso de belleza.

El juego de la bolsa contiene muchas de estas propiedades. Nada garatiza que las mejores acciones (por sus fundamentales) sean las más rápidas en revalorizarse. Ganaremos dinero si adivinamos qué acciones cree el resto de la gente que van a subir, poniéndonos en el lugar de todos los demás a la vez, aunque cuando pasa esto, cualquier cosa puede ser posible.