El optimismo en las empresas

Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad.Winston Churchill.

Conseguir empleados felices es un importante reto para las empresas, pero no es fácil de conseguirlo, porque no todo depende de los planes desarrollados por éstas.

Las empresas deben asumir la obligación de ofrecer un entorno propicio para entusiasmar a sus empleados, pero la capacidad de alcanzar la felicidad reside en el interior de los propios individuos, y por tanto debemos de ser conscientes de la importancia de valorar la personalidad de nuestros empleados actuales o futuros.

Según el psiquiatra Rojas Marcos, el 30% de nuestra actitud ante la vida tiene que ver con nuestra herencia genética. Otro elemento determinante para forjar un buen carácter es la personalidad, que se empieza a fraguar en la infancia, a base de seguridad, afecto y estímulo. Por tanto, en personas maduras no es fácil cambiar la personalidad, se puede mejorar algo, pero requiere tiempo.

Cuando analizas la personalidad del equipo humano en nuestras empresas, a menudo encuentras empleados con una personalidad pesimista que tienden a convertirse en un problema, sobre todo si dirigen equipos humanos. La desmotivación, la queja, la excusa continua, va deteriorando el ambiente y nuestra cuenta de resultados, porque la negatividad se contagia más rápidamente que el optimismo.

Los beneficios del optimismo

El término optimismo surge del latín “optimum”: “lo mejor”. Los empleados optimistas son aquellos que piensan en positivo y son capaces de actuar buscando soluciones sin caer en el desánimo. Los optimistas no suelen quejarse, son proactivos, flexibles, buscan el afrontar nuevos retos y ante la adversidad, luchan con tesón y perseverancia, aprenden y crecen. En definitiva, solo miran atrás para aprender de sus fracasos, pero con el rumbo siempre señalando nuevos objetivos.

El principal atributo del optimista es tener la esperanza de que va a funcionar lo que está desarrollando, lo que le aporta la confianza en sí mismo para comprometerse a alcanzar sus objetivos. Es una dinámica que además se retroalimenta: la esperanza genera confianza, la confianza genera compromiso y el compromiso genera buenos resultados y, con éstos, se refuerza la esperanza y el optimismo.

En general, parece que las personas más optimistas tienden a tener mejor humor, suelen salir fortalecidos de situaciones estresantes y traumáticas e, incluso tienen mejor estado de salud física. Los beneficios del humor en el trabajo son numerosos: combate el estrés, fomenta la motivación y la creatividad, optimiza la comunicación, une al equipo, atrae y fidelizar al cliente…

Un claro ejemplo de un optimista inteligente es Barack Obama, alguien que ha demostrado que su optimismo le generaba la confianza de que podía cambiar el mundo. “Yes, we can” será una cita que siempre nos recordará el valor de la esperanza, del compromiso, de la fuerza de las ideas frente al miedo. Nos recordará que casi nada es imposible si se combina acertadamente optimismo con inteligencia.

Recuerda, si buscas la felicidad de tus empleados y el éxito empresarial, te ayudará mucho, además de buscar el talento, el establecer una estrategia de alcanzar un alto coeficiente de optimismo en tu equipo, entendiéndolo como el número de optimistas que hay en la organización frente al total de empleados.

Lo anterior producirá una serie de efectos positivos a nivel individual y colectivo difíciles de alcanzar por otras vías.

OBAMA & CLINTON, JUNTOS SÍ PUEDEN

Leía hace unos días en “The War Room”, un magnífico blog sobre las elecciones norteamericanas, que por fin Obama se está acercando a los Clinton tras ver como van las encuestas.

La para mí equivocada estrategia de Obama de no contar con Hillary como número dos, empieza a generar muchas dudas en el bando demócrata y tal como comentan en The War Room, no es fruto del azar que en el momento más crítico de la campaña, los demócratas acudan a los Clinton (siempre ganan, ¿recuerdan?).

Obama se acerca a Bill, y Biden a Hillary. En el caso del candidato a vicepresidente además ha reconocido sin fisuras que Hillary Clinton era mejor candidata que él, que está tan cualificada o más que él para la vicepresidencia. También para ser la primera mujer presidenta.

¿Cómo pudo estar tan ciego Obama? Solo se consiguen victorias trabajando en equipo, con integrantes de diferentes ideologías y planteamientos, pero con objetivos comunes, que en este caso es recuperar el Gobierno.

¿Cómo ha podido rechazar tener cerca a la líder de la mitad de los demócratas? Con Hillary se consolidaría el voto de la base demócrata, aumentarían los votos de mujeres, blancos e hispanos. Además tuvo la oportunidad de ofrecer a los electores tener la primera mujer vicepresidente, un debate que se ha apropiado el partido conservador (se lo pusieron fácil).

Obama ha tenido que acercarse a Bill Clinton para iniciar una ofensiva juntos contra el equipo republicano, sobre todo para contrarrestar la fuerza de Palin frente al escaso interés que está despertando Biden como futuro vicepresidente demócrata.

Biden no acaba de encontrar su espacio y Obama está solo en sus intervenciones. McCain y Palin trabajan en equipo. Obama tiene que reaccionar y dejar de parecer una estrella que se apaga para bajar al terreno de juego que esperan los americanos, la economía, el paro, la vivienda, la educación, la sanidad. Irak no es prioritario ahora.

Espero que Obama pueda trabajar mejor con su segundo y quizás plantee un buen puesto a Hillary, aunque solo sea Asesora Presidencial. Si pueden hacer equipo con los Clinton, todos juntos creo que sí podrán, porque el pueblo norteamericano, en su mayoría, tienen la esperanza del cambio.

Barack Obama y la audacia de la esperanza

Barack Obama, el senador demócrata que intenta ser el primer Presidente negro de los Estados Unidos, está generando a millones de personas, la esperanza de que Estados Unidos tendrá un mejor futuro, si así lo desean. Su libro “La audacia de la esperanza” figura ya entre los tres libros más vendidos en EEUU.

Reflexionando sobre su mensaje, basado en el valor de la esperanza, me daba cuenta del porqué está teniendo tanto impacto en la sociedad americana, y la utilidad de conducir la esperanza a la gestión de los conflictos y adversidades en las empresas, así como para mejorar la voluntad para alcanzar nuestros objetivos como personas y profesionales.

¿Qué es la esperanza?

La esperanza es el sentimiento, la virtud de desear acontecimientos agradables o beneficiosos. Es el estado de ánimo que nos permite ver como posible aquello que deseamos.

Obama lo definía así recientemente: “Esperanza es esa cosa dentro de nosotros que insiste, a pesar de todas las pruebas en contra, en que algo mejor nos espera si tenemos la valentía del alcanzarlo, de trabajar por ello y de luchar por ello”.

La esperanza no es una simple disposición anímica o una cuestión de carácter que defina sólo a las personas de naturaleza optimista. La esperanza está inscrita en las zonas más profundas del ser humano, por lo que podemos buscarla y encontrarla, para que sea la respuesta a la situación de prueba que constituye la vida.

Debemos impulsar la esperanza en nuestro quehacer diario, como directivos, como empleados y personas. Se necesita generar esperanza en las empresas, para gestionar mejor las ilusiones y decepciones de los equipos humanos.

Cuando nos sentimos impotentes, cuando llegan momentos de incertidumbre, de conflictos, de decepciones, debemos procurar no perder la esperanza en el cambio, porque nos aportará la fortaleza necesaria ante las adversidades:

”En la adversidad, una persona es salvada por la esperanza”. Meandro de Atenas Dramaturgo Griego

Esperanza por encima del miedo

Desgraciadamente en muchas empresas se recurre al miedo para intentar elevar la tensión, para aumentar las revoluciones de sus empleados con el fin de conseguir mejores resultados, etc., pero nunca es el mejor medio.

Si gestionamos equipos olvidando las divisiones y el miedo, uniendo al equipo con una esperanza común, con plena información de la situación, de los riesgos y desafíos, los resultados pueden llegar a ser espectaculares.

Un número creciente de investigadores médicos afirman que el optimismo, la esperanza y otras emociones positivas ejercen una poderosa influencia en la vida y la salud del ser humano. Estos médicos lo explican así: Es agradable estar feliz y esperanzado. Es un estado placentero que produce muy poca tensión y beneficia mucho al organismo.

Sin duda, si ese estado de ánimo está implantado en nuestras empresas, beneficiará la salud de nuestras cuentas a medio y largo plazo.

El valor de la esperanza en las empresas aporta la fortaleza para que surja la unidad frente a la división, la ilusión frente a la desmotivación, la armonía, el trabajo en equipo y el escenario ideal para que nuestros empleados puedan aportar lo mejor de sí mismos.

Si la esperanza está impregnada en nuestras empresas, cuando no se alcancen los objetivos marcados, el desánimo no arraigará y seguirán surgiendo propuestas y la fortaleza para ir aplicando otras maneras más realistas de alcanzarlos.