Barack Obama y la audacia de la esperanza

Barack Obama, el senador demócrata que intenta ser el primer Presidente negro de los Estados Unidos, está generando a millones de personas, la esperanza de que Estados Unidos tendrá un mejor futuro, si así lo desean. Su libro “La audacia de la esperanza” figura ya entre los tres libros más vendidos en EEUU.

Reflexionando sobre su mensaje, basado en el valor de la esperanza, me daba cuenta del porqué está teniendo tanto impacto en la sociedad americana, y la utilidad de conducir la esperanza a la gestión de los conflictos y adversidades en las empresas, así como para mejorar la voluntad para alcanzar nuestros objetivos como personas y profesionales.

¿Qué es la esperanza?

La esperanza es el sentimiento, la virtud de desear acontecimientos agradables o beneficiosos. Es el estado de ánimo que nos permite ver como posible aquello que deseamos.

Obama lo definía así recientemente: “Esperanza es esa cosa dentro de nosotros que insiste, a pesar de todas las pruebas en contra, en que algo mejor nos espera si tenemos la valentía del alcanzarlo, de trabajar por ello y de luchar por ello”.

La esperanza no es una simple disposición anímica o una cuestión de carácter que defina sólo a las personas de naturaleza optimista. La esperanza está inscrita en las zonas más profundas del ser humano, por lo que podemos buscarla y encontrarla, para que sea la respuesta a la situación de prueba que constituye la vida.

Debemos impulsar la esperanza en nuestro quehacer diario, como directivos, como empleados y personas. Se necesita generar esperanza en las empresas, para gestionar mejor las ilusiones y decepciones de los equipos humanos.

Cuando nos sentimos impotentes, cuando llegan momentos de incertidumbre, de conflictos, de decepciones, debemos procurar no perder la esperanza en el cambio, porque nos aportará la fortaleza necesaria ante las adversidades:

”En la adversidad, una persona es salvada por la esperanza”. Meandro de Atenas Dramaturgo Griego

Esperanza por encima del miedo

Desgraciadamente en muchas empresas se recurre al miedo para intentar elevar la tensión, para aumentar las revoluciones de sus empleados con el fin de conseguir mejores resultados, etc., pero nunca es el mejor medio.

Si gestionamos equipos olvidando las divisiones y el miedo, uniendo al equipo con una esperanza común, con plena información de la situación, de los riesgos y desafíos, los resultados pueden llegar a ser espectaculares.

Un número creciente de investigadores médicos afirman que el optimismo, la esperanza y otras emociones positivas ejercen una poderosa influencia en la vida y la salud del ser humano. Estos médicos lo explican así: Es agradable estar feliz y esperanzado. Es un estado placentero que produce muy poca tensión y beneficia mucho al organismo.

Sin duda, si ese estado de ánimo está implantado en nuestras empresas, beneficiará la salud de nuestras cuentas a medio y largo plazo.

El valor de la esperanza en las empresas aporta la fortaleza para que surja la unidad frente a la división, la ilusión frente a la desmotivación, la armonía, el trabajo en equipo y el escenario ideal para que nuestros empleados puedan aportar lo mejor de sí mismos.

Si la esperanza está impregnada en nuestras empresas, cuando no se alcancen los objetivos marcados, el desánimo no arraigará y seguirán surgiendo propuestas y la fortaleza para ir aplicando otras maneras más realistas de alcanzarlos.

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