Desaprende a invertir

El mundo está en plena transformación, modificándose la forma en que vivimos, trabajamos y relacionamos. Todos los negocios están en disrupción, acelerada por la globalización, la tecnología, los cambios sociales y demográficos, y asomando los retos medioambientales. Y ya está aquí lo más disruptivo, el uso masivo de los datos y la inteligencia artificial, una tecnología que permite a las máquinas sentir, comprender, actuar y aprender; siendo probable que las empresas que hagan lo mismo que antes tengan dificultad para sobrevivir.

En 1970 Alvin Toffler denominó “El shock del futuro” el estado psicológico que afecta a los individuos cuando perciben demasiados cambios en un periodo de tiempo demasiado corto.

En este momento, la aceleración de los cambios golpea a todos como un tsunami, generando una gran dificultad de seguimiento y entendimiento.

El planteamiento de donde invertir y cómo invertir ha cambiado, por lo que mirando el pasado no lo voy a predecir, y quizás debiéramos desaprender a invertir según algunas tradicionales creencias, porque ya nos dimos cuenta que los mercados no son eficientes, los precios no reflejan toda la información, porque ésta es asimétrica y se puede aprovechar; y además los inversores no suelen ser racionales, decidiendo más con la intuición que con la información.

Tras diez años de subidas bursátiles y activos seguros en mínimos, la dificultad se eleva. En el pasado hubiéramos construido una cartera diversificada de bonos y activos bursátiles buscando una rentabilidad asociada al rendimiento y riesgo histórico en función del objetivo perseguido, pero parece que ahora no va a funcionar igual. Los activos conservadores ofrecen más riesgo de pérdidas que de retornos, lo que implica la búsqueda de activos alternativos, y aumentar la ponderación en las bolsas, pero parecen caras. ¿Lo son en un mundo en crecimiento?.

El shock provocado por no entender el nuevo escenario, ha dificultado aprovecharse de las grandes oportunidades que el ciclo global ha generado y parece que seguirá generando. Muchos no fueron conscientes que aunque las bolsas parecían caras, los componentes son distintos en nombres y sectores, primándose ahora más las empresas con talento que con capital. ¿Cómo vas a mirar los resultados históricos si los líderes actuales no son comparables al pasado?

Además ahora el mundo es global, y parece más sensato construir carteras globales diversificando sectorialmente frente al domicilio social de las empresas, que además no es lo importante, sino donde genera sus ingresos. Bajo ese prisma, todavía tenemos el sesgo de que invertir en activos emergentes es especialmente arriesgado, a pesar de que sabemos que la demografía, el acelerado crecimiento de la renta disponible y el cambio radical en los patrones de consumo permiten pensar que están siendo, y serán la principal fuente de crecimiento global.

También en las bolsas, dado el aumento de las correlaciones y para generar un retorno y diversificación más prudente, podemos analizar los distintos factores alternativos impulsores de los precios, y diversificar entre ellos (por ejemplo tamaño, momentum, valor, crecimiento, etc.). Y la inversión debiera centrarse en el largo plazo, obligados por un futuro que nos lleva a ser más longevos. Así podríamos aprovecharnos de invertir más asociados a grandes megatendencias estructurales, reduciendo el ruido de fondo, y aumentando las perspectivas de retornos por su mayor potencial.

Finalmente, empezar a añadir factores de inversión ética y socialmente responsable, empieza a ser determinante para asociar nuestra forma de ver el mundo con nuestras inversiones, y para asegurarnos la sostenibilidad y calidad de las empresas en las que invertimos, lo que aumenta las perspectivas de retornos más consistentes.

Quizás debamos desaprender a invertir para evolucionar, abandonando las viejas convicciones y aprendiendo a enfocar nuestra estructura mental a un nuevo escenario, porque puede ser un factor diferencial para encontrar oportunidades y diversificar mejor tus inversiones en un mundo en transformación.

Este artículo se publicó inicialmente en la Revista Citywire de Junio 2018

Destacado

La economía nos trajo muchos regalos en 2017

BLOGA punto de llegar la Navidad, merece la pena reflexionar sobre los regalos que nos ha deparado este año la economía, permitiendo un magnífico resultado para todos los activos de riesgo, especialmente en las bolsas, pero también en renta fija corporativa, deuda financiera subordinada, high yield, emergentes, etc. y cómo pudieran evolucionar para este Año Nuevo.

Aunque muchos gurús planteaban escenarios más catastrofistas avalados por los gráficos que mostraban zonas de techos históricos en las bolsas, especialmente en EEUU, que podrían arrastrar a los mercados a correcciones más o menos severas, la realidad de unos sobresalientes datos macroeconómicos globales, aupados por un cambio estructural del mundo, están definiendo un escenario nuevo, asociado a la globalización, la demografía y especialmente la tecnología (automatización industrial y de servicios, digitalización, inteligencia artificial, robótica…), al que se unirá la necesidad de moderar el cambio climático.

Un escenario nuevo en el que compiten las empresas, un escenario en el que tomarán ventaja las que se adapten más rápido, pero es un escenario que permite pensar que va a continuar siendo positivo para los inversores que no ignoren la realidad de que por primera vez en mucho tiempo todas las economías del mundo crecen, que hay un exceso de ahorro y liquidez, que la inflación es moderada y las incertidumbres políticas se van diluyendo.

Y en el momento más actual, desde EEUU aumenta la probabilidad de aprobar para el 2018 el plan de reforma tributaria pendiente desde que Trump llegó a la Casablanca tras pasar la aprobación del Senado aunque todavía este proyecto de Ley de Rebaja Impositiva y Empleo debe pasar todavía por diversos trámites, entre ellos la aprobación de la Cámara de Representantes y posteriormente del Senado de la versión definitiva, que debe limarse sustancialmente, ya que las propuestas de las dos cámaras difieren en numerosos aspectos.

Aunque pudiera ser descafeinada, esperamos que llegue e impulse los beneficios de las empresas, no solo norteamericanas, sino también de las compañías europeas más expuestas a EEUU; y permita la repatriación al país de los más de 2,5 billones de dólares de beneficios que muchas de las multinacionales del país guardan en el extranjero, aumentando la retribución de accionistas y aumentando la inversión en nuevos proyectos.

Las bolsas no están baratas, pero los precios están justificados en la economía y los beneficios. Con una mirada más a largo plazo, los futuros incrementos de la volatilidad y correcciones que acabarán por llegar, pudieran plantearse más como una oportunidad, que la señal de un cambio de tendencia. Europa tiene mucho que ofrecer todavía, así como Japón. El resto de Asia y EEUU debería seguir evolucionando positivamente. Sectorialmente, las oportunidades en grandes tendencias planteadas en nuestros informes anteriores no han variado, porque son estructurales.

Por otro lado, la gran sorpresa para muchos inversores ha sido el buen comportamiento que han tenido los mercados de renta fija. En un entorno económico de clara mejora, y el inicio de procesos de normalización monetaria, implicaba ser cauto ante la inversión en activos en mínimos históricos de rentabilidad, pero las dinámicas deflacionistas actuales han seguido desdibujando la presión inflacionista que la actual coyuntura debiera haber traído, retrasando el fin del apoyo de los bancos centrales.

La renta fija aporta poca rentabilidad, pero no parece mostrar señales de severos cambios de tendencia. En nuestra opinión, consideramos que al igual que el año pasado, la inversión en deuda de gobiernos desarrollados se muestra especialmente arriesgada, dado que en plazos más cortos ofrece rentabilidades negativas, y en plazos más largos no ofrece retorno ni para cubrir la inflación actual, salvo la deuda norteamericana, que evidentemente plantea el riesgo de la cotización de su divisa frente a nuestra moneda local.

Así mismo, la deuda corporativa, tanto de grado de inversión, como de alta rentabilidad (high yield) y de mercados emergentes, también ofrecen retornos reducidos, dada la incesante búsqueda de inversiones con cupón más alto de los inversores, unido a los mejores fundamentales de los emisores, pero hay que seguir invirtiendo parte de la posición fuera de las bolsas, en ese segmento, complementado con estrategias de gestión alternativa, así como aumentar la inversión en renta fija más global, más diversificada, y muy flexible a la búsqueda de retornos en distintos segmentos, zonas geográficas, divisas, etc.

Una diversificación más global, prudente e inteligente (que mejore el rendimiento frente al riesgo asumido), sigue siendo nuestro mejor consejo para afrontar un año nuevo, que esperamos llegue con nuevos regalos para el inversor paciente, al calor de un ciclo económico expansivo. El tren no va a detenerse.

Este artículo se publicó en el blog corporativo de Unicorp Patrimonio SV http://blog.unicorppatrimonio.es/2017/12/13/7798/

Estrategias de Inversión 2018

estraCarteras globales y diversificadas. Así hemos ido planteando la estrategia para salir airoso de la mayor incertidumbre generada especialmente por el lado geopolítico en diversos frentes, incluyendo la situación actual en España.

Y de nuevo acertamos en el desafío de mantener apuestas estratégicas de riesgo en un mundo lleno de oportunidades. En el pasado mes de octubre, todas las bolsas desarrolladas y emergentes han tenido un muy buen comportamiento, incluyendo al Ibex-35 que cerró con subida superior al 1%. La bolsa Japonesa lideró la subida con más de un 10% de incremento, gracias a los recientes resultados electorales que apuestan por seguir incentivando la economía del país.

Por otro lado, la mayoría de activos de renta fija han tenido muy buen comportamiento, destacando las mejoras de los precios de los bonos financieros, corporativos en general y los de alta rentabilidad. Los aparentes miedos en torno a un posible pinchazo de una supuesta burbuja en los precios de los activos de renta fija siguen sin materializarse, y una cartera bien diversificada con toda clase de activos, ha tenido un magnífico resultado este mes, y este año.

Con muchos inversores todavía atenazados por el ruido y pesimismo de fondo, debemos de valorar la situación en la que nos encontramos, de cara a revisar la actual estrategia de inversión para el cierre del año, y con una mirada ya hacia el año que viene:

  • Todas las principales economías se encuentran en fase de crecimiento económico. Por primera vez desde antes de la crisis financiera, todos los países de la OCDE están en crecimiento, aunque en distintas fase del ciclo alcista. Todos los organismos revisan al alza el crecimiento global para el cierre del año y esperan mejoras para los próximos años.
  • Los tipos de interés globales siguen históricamente muy bajos. Y seguirán así durante mucho tiempo, porque las alzas llegarán despacio si no se acelera la inflación.
  • La inflación sigue muy controlada y por debajo de los objetivos de los bancos centrales, pero no hay riesgo de deflación (y esta es la diferencia positiva con el pasado).
  •  Las tasas de desempleo en descenso. Las previsiones para cierre de ejercicio son del 5.6% para economías desarrolladas y del 6% para economías emergentes. Previsión del 8% en Eurozona y 4.4% en Estados Unidos, 4.5% en Reino Unido y 2,8% en Japón. Este dato es un claro impulso para la confianza del consumidor, que se encuentra en zona de máximos históricos.
  • Sigue habiendo más liquidez que nunca en el mercado. Aunque el Banco Central en EEUU (FED) ya anunció la intención de ir reduciendo su balance (drenar liquidez en el mercado vendiendo bonos de su cartera) lo hará a ritmo suave. Sin embargo el BCE y el Banco de Japón seguirán con fuertes compras de activos al menos durante los tres primeros trimestres del 2018.
  • Los bancos centrales son conscientes de sus pasados errores. Son conscientes de que deben eliminar incertidumbre con mayor comunicación, por lo que no habrá sorpresas. La FED subirá tipos probablemente en diciembre de este año, y algo más durante 2018 si su economía sigue evolucionando positivamente. El BCE no subirá los tipos hasta 2019, y el Banco de Inglaterra ya ha empezado. Este es el guión y si no hay sorpresas, el mercado no tendrá reacciones negativas.
  • Los beneficios empresariales superan expectativas. El control de gastos al que obligó la crisis financiera y el aumento de las ventas gracias a la mejora del ciclo económico y la globalización, unido a una financiación más barata que nunca y los costes de la energía ajustados, están impulsando el crecimiento de los beneficios empresariales.

Algunas conclusiones para la estrategia de inversión

Nuestras previsiones prevén un mantenimiento del escenario actual, con crecimiento económico global consolidado, una modesta presión inflacionista y una generalizada confianza de consumidores y empresarios. Este escenario seguirá siendo un entorno ideal para los activos de riesgo.

Observaremos diferencias con respecto a la salida de la expansión monetaria en EEUU y Europa, aunque creemos que los tipos de interés permanecerán en niveles bajos, con subidas muy lentas y una línea muy acomodaticia al ciclo económico.

Las bolsas están en precios ajustados en términos históricos, pero los sectores y compañías que representan los índices principales, son sustancialmente distintos a los de hace diez, 20 o 30 años, en un mundo sustancialmente distinto, por lo que no son comparables.

Creemos que en los próximos semestres las bolsas en EEUU pudieran mantener su buena trayectoria gracias a los planes de estímulo fiscal y el impulso de los líderes tecnológicos globales. Europa nos parece que cotiza más barata, por lo que tiene a priori más terreno para mejorar.

En Asia vemos mucho potencial, con el impulso de China y Japón, aunque permanece la incertidumbre en torno a Corea del Norte. En general, los mercados emergentes deben de estar incorporados en las carteras de manera estructural, porque ya no son tan emergentes.

Nos gustan los sectores ligados a la tecnología, entorno a la digitalización de procesos y servicios, la robótica, inteligencia artificial, y seguridad, porque son tendencias estructurales difíciles de cambiar por la política o economía. Por otro lado, el sector de consumo tanto en emergentes como en países desarrollados tiene todavía mucho recorrido en un mundo en crecimiento. Hay otras opciones interesantes a medio plazo como ideas ligadas al cambio climático, salud, ocio, e infraestructuras. Así mismo, un predecible aumento de los tipos de interés a futuro, favorece a todo el sector financiero.

Por otro lado, las empresas de pequeña y mediana capitalización, a medio plazo suelen tener un comportamiento bastante mejor en términos de rentabilidad ajustada al riesgo y deberíamos de ir añadiendo cada vez más su porcentaje en cartera, siempre muy bien diversificado a través de fondos especializados. La tendencia actual de la gestión pasiva, invertida en los valores más grandes, influye en encontrar más oportunidades en la gestión activa de valores de menor capitalización.

Los inversores tendrían que orientar su política de inversión hacia la consecución de objetivos con distintos horizontes temporales. Aunque se considere conservador, sus objetivos deberían incluir el mantener su capital a salvo de la inflación y esperar mantener su nivel adquisitivo en su jubilación.

Estos objetivos no pueden alcanzarse con políticas cortoplacistas, sino de largo plazo en estrategias bien diversificadas, que siempre incluyan cierto posicionamiento en renta variable, complementado con productos ligados a bonos con riesgo cierto riesgo corporativo.

El año 2018 lo vamos a seguir afrontando con un optimismo prudente, para aprovechar las buenas oportunidades que siempre genera un crecimiento global estable.

Este artículo lo publiqué en el blog de mi compañía, Unicorp Patrimonio http://blog.unicorppatrimonio.es/2017/11/07/7439/

Mucho ruido de fondo en los mercados

Terminamos el verano con creciente incertidumbre, con mucho ruido de fondo que condiciona la definición de estrategias (situación de Corea del Norte, Trump, los posibles movimientos de menor apoyo de los bancos centrales,  la fuerte revalorización del euro, etc.). Tomar decisiones en entornos de incertidumbre suele llevar a errar en la decisión si minusvaloras o sobrevaloras los riesgos y oportunidades, o simplemente te atenaza la situación y te quedas a la espera.
Si la inversión de tu patrimonio tiene un objetivo de larzo plazo, solo una visión más estratégica puede ayudarte a descartar el ruido y quedarte con la esencia, y la realidad es que se mantiene una positiva evolución de la economía global que debiera de implicar la normalización de las políticas monetarias más pronto que tarde, pero seguimos con ausencia de presiones inflacionistas generalizadas. Muchos factores están detrás. De ellos hemos hablado mucho en otros informes, como la globalización, demografía, robótica, comercio electrónico, etc. que aumentan las apuestas a mantener las tasas bajas durante periodos cada vez más largos.
Crecimiento económico con tipos de interés bajos, implica para las empresas la oportunidad de mantener y hacer crecer sus beneficios empresariales durante los próximos trimestres, y para los inversores su necesidad de afrontar cierta inversión en activos de riesgo, tanto de renta fija como de renta variable.
En Europa, el actual goteo a la baja de las bolsas ya parecen haber descontado un peor escenario para las compañías más exportadoras (por la evolución del euro que le resta competitividad exterior), así como del sector financiero en el retraso de una subida de tipos de interés, pero no parecen tener en cuenta que los riesgos políticos se han reducido, que el crecimiento es sostenible, que la expansión económica está favoreciendo a la mayoría de los países, y sobre todo que  los buenos datos de demanda interna pudiera compensar la posible desaceleración de las exportaciones.
Aunque el euro se ha revalorizado casi un 15% este año, debemos considerar que esta apreciación no afecta a las empresas que orientan más sus ventas a su país y al resto de socios europeos. Por otro lado, los estudios de otras tendencias alcistas del euro parecen mostrar que las ventas y beneficio de las compañías europeas tienen mucha más correlación con el ciclo económico que la evolución de la divisa. Además, se compensan con unos menores costes de la energía (el petróleo se paga en dólares) y menor presión inflacionista, que llevará por tanto a meno presión en los costes salariales y financieros.
En EEUU, los inversores siguen esperando las promesas de Trump de elevar el crecimiento y crear millones de puestos de trabajo, con una administración que parece incapaz de sacar adelante ninguna reforma económica. Muchos analistas comienzan a pensar más en una etapa continuista, que dada la debilidad que acumula su divisa, pudiera facilitar que la economía estadounidense se mantenga positivamente.
Es probable que alguna medida de recorte de algunos impuestos y aumento de algunos gastos pudiera implementarse, pero Trump no hará nada especialmente revolucionario. La realidad es que sus bolsas aunque han tenido un buen año, para un inversor europeo le ha llevado a pérdidas (salvo que haya invertido en el sector tecnológico), y ahora las valoraciones son altas, lo que aconsejaría ser prudente.
Así mismo, la opción de invertir en deuda pública a corto plazo no interesa salvo que sea el miedo a un desenlace bélico (que vemos con probabilidad muy pequeña) el factor determinante de la decisión, dada la rentabilidad negativa que ofrece. La posición de liquidez pudiera mantenerse temporalmente como un activo estabilizador de la volatilidad y a la espera de oportunidades, pero dado que hay ya inflación positiva, no parece una actitud muy responsable si la mantienes mucho tiempo, ya que tienes la certeza absoluta de que tu patrimonio “real” irá reduciéndose (por el efecto de la inflación e impuestos).
Sin duda, la situación de apoyo constante de los bancos centrales no va a durar eternamente. Pero el ritmo y profundidad de los cambios en la política actualmente expansiva, sí que puede ser distante de los que muchos piensan. De hecho hay voces discrepantes incluso en el seno de estos bancos sobre la línea de actuación a seguir. Demorar en exceso las medidas implica menor capacidad de respuesta futuras, pero cuando las cosas van bien como ahora,  surgen las dudas de qué puede pasar si quitas la asistencia. Esto hará ralentizar el proceso, tanto en EEUU como en Europa.
  • Con el actual escenario parece sensato considerar un posicionamiento algo más conservador en las carterascon un aumento del posicionamiento en renta fija (por reducción de inflación y menores expectativas de decisiones de Bancos Centrales) y cierta infraponderación a los índices bursátiles.
La posición de renta fija debiera de estar inclinada a los bonos de crédito, aunque tiene un limitado potencial de estrechamiento de los diferenciales, pero los ingresos que generan son interesantes frente a la seguridad de los gobiernos, y además en la fase actual de la economía, las tasas de incumplimiento seguirán siendo muy bajas.
Creemos que mayoritariamente habría que estar en bonos de calificación de grado de inversión, pero también asumir algo de inversión en bonos subordinados, preferentes, activos titulizados, high yield, emergentes e incrementar el peso de fondos de renta fija con gestión de valor relativo, así como gestión alternativa, para mejorar la diversificación de estilos y alcanzar rendimientos más estables.
Por otro lado, una infraponderación a los índices bursátiles no significa abandonar la bolsa, sino acudir a productos que exhiban una menor correlación a éstos, por tener una gestión más activa,  seleccionando  los valores por su valoración relativa, y añadiendo temáticas con visualización clara de sus perspectivas positivas a medio plazo.
Bajo ese prisma, las bolsas americanas tienen mayor potencial de caída al encontrarse cerca de máximos frente a las europeas, que ya han corregido. La debilidad del dólar pudiera ayudar a las compañías americanas más globales, frente a las pequeñas que buscaban el impulso de las medidas de Trump, pero en sentido contrario, en Europa el euro pudiera ayudar a las compañías más centradas en el mercado interno frente al sector exterior.
Por otro lado, las bolsas en mercados emergentes pudieran seguir comportándose mejor que en los países desarrollados por las claras evidencias de un sostenido crecimiento de su demanda interna y las grandes oportunidades que se están generando actualmente, especialmente en Asia.
El riesgo de ruptura de los actuales equilibrios geopolíticos en Asia, Europa y EEUU se están ampliando, y este pudiera ser el principal factor desestabilizador para los próximos meses, por lo que hay que centrarse más en los valores y sectores con mayor potencial y mejor sesgo rentabilidad/riesgo, así como una mayor diversificación en la construcción de las carteras.
No obstante, el ruido de fondo no debiera impedir oír la buena evolución de la economía a nivel global, y los buenos resultados empresariales de las corporaciones que están adaptándose al nuevo entornogeopolítico, económico, sociológico, tecnológico y demográfico actual. Saber quién ganará y quien perderá en este “juego” cada vez más competitivo es lo más difícil.
En bolsas ahora hay que elegir las empresas que se quedan el negocio de su sector, las más talentosas, no las empresas más grandes que ponderan más en los índices. Se necesita un esfuerzo mayor en el análisis estratégico y una verdadera gestión activa (salirse de la normalidad del mercado).
Los tipos de interés seguirán muy bajos durante mucho tiempo y la liquidez es inmensa. Salvo shocks extremos no esperados, los mercados seguirán generando claras oportunidades de inversión, aunque con un menor potencial de retorno, pero ¿quién dijo que esto fuera fácil?

Los mercados están sesgados hacia el optimismo

En nuestro informe estratégico del mes pasado, planteábamos la necesidad de tener “enfoques prudentes pero valientes”, valorando las claras oportunidades de que los activos de riesgo siguieran con la tendencia alcista y no olvidando que muchos de los riesgos que nos asustaban hace unos meses siguen ahí: cambio de sesgo de la política monetaria en EEUU, decisiones de Trump, procesos electorales en Europa, negociaciones del Brexit, crecimiento en China, evolución macro, la evolución de las divisas, etc.
 Y sin ningún tipo de duda parece que el enfoque ha sido certero. La evolución de los mercados durante el mes de febrero ha sido muy positiva, con muchos índices bursátiles alcanzando máximos históricos, gracias al impulso del optimismo de los inversores y las pocas opciones de inversión actuales, incluso con un aumento de las expectativas de incremento de los tipos de interés en EEUU y los numerosos interrogantes generados por las sucesivas decisiones de Mr. Trump.
 De hecho las bolsas en EEUU (entorno al 4%) fueron las que mejor comportamiento tuvieron frente a Europa, Japón y Emergentes, apoyadas por los buenos resultados empresariales conocidos, que mejoraron mayoritariamente las estimaciones de beneficios. Los sectores con mayor crecimiento de beneficios fueron el de energía, materiales y servicios públicos. También se esperan mejoras generalizadas en el crecimiento del beneficio en las compañías europeas.
 Los principales indicadores de sentimiento siguen mejorando, tanto de inversores, como de empresarios y consumidores. Estos índices muestran actitudes y decisiones actuales y futuras que irán consolidando los datos macroeconómicos y beneficios futuros de las empresas.
 La economía acompaña. Japón sigue mejorando sus perspectivas de crecimiento, manteniendo sus políticas monetarias más acomodaticias, así como en Europa, que también mantiene mejores previsiones de crecimiento. El Banco de Inglaterra también mejoró las perspectivas de crecimiento del Reino Unido a un 2% en 2017, desde la previsión anterior del 1.4%, pero mantuvo los tipos de interés sin cambios en el 0.25% y mantiene los planes de compra de bonos, incluso con un previsible aumento de la inflación muy por encima del tipo del 2% fijado como objetivo, dada la caída de la libra esterlina.
 La ola de optimismo sigue avanzando, llevando la contraria a los inversores más cautos, muchos de ellos con mucha liquidez, con vencimientos de bonos, fondos garantizados o depósitos que ahora no generan nada. La lectura de los rendimientos de los últimos 12 meses parecen avalar la estrategia de tener carteras con riesgo (en función de tu perfil) y abandonar el cortoplacismo, buscando objetivos de retorno de medio y largo plazo, que siempre tendrán que superar los baches del camino, como siempre.
 ¿Conviene olvidar los riesgos? Nunca, y mucho menos cuando el mercado empieza a sesgarse hacia un lado como ahora, pero obviamente llevamos demasiado tiempo apostando por la recuperación económica y esto está empezando, especialmente en Europa, y como venimos insistiendo desde hace más de un año, existen claras tendencias en la economía y demografía a nivel global que son muy indiferentes a lo que pase en política, y que están generando muy buenos rendimientos: robótica, digitalización, ciberseguridad, envejecimiento población, etc.
 Adicionalmente se perciben oportunidades en el sector financiero con la subida de los tipos a futuro, la mejora de la demanda interna, las oportunidades en las empresas más pequeñas en una situación de mayor proteccionismo, etc. Por ello, además de la inversión temática más global, favorecemos la inversión en renta variable en Europa y fondos globales (cuya inversión en EEUU ronda el 50%), así como en mercados emergentes, también a nivel global. Favorecemos todavía la inversión en sectores más cíclicos, aunque la gran dispersión de rentabilidades que hemos experimentado, invita a ir reconfigurando la cartera poco a poco.
 En cuanto a la renta fija, esperamos que las próximas elecciones en Holanda y Francia no deparen movimientos adversos, pero conviene no estar demasiado expuesto a fondos de renta fija que tengan duración negativa en Europa (se consigue vendiendo futuros sobre deuda gubernamental), por si se produce algún evento negativo a nivel político y los grandes inversores vuelven a comprar deuda alemana como refugio. Aquí te podrías encontrar con un fondo de renta fija que pierde dinero por estar posicionado exclusivamente hacia una subida de los tipos de interés en la curva de rendimientos.
 Para el dinero reticente de la bolsa, hay muchas otras opciones de inversión aparentemente que pudieran protegerte mejor, por productos de gestión alternativa llamados market neutral y los llamados long-short sobre bonos, acciones o divisas. Y por supuesto siguen siendo válidas las compras en bonos con activos de mayor riesgo, no en bonos gubernamentales. Aquí encontramos desde hace meses buenas opciones en emergentes, convertibles, subordinados bancarios, high yield, etc.
 En todo caso, uno de los factores que nos empieza a preocupar son los excepcionales reducidos niveles de volatilidad de los índices bursátiles, como por ejemplo el VIX (del S&P 500), que se usa para medir el nivel de riesgo percibido por el mercado. El VIX mide la volatilidad implícita usada para la valoración de compra/venta de opciones, que utilizan los inversores para cubrirse de los riesgos de caídas. Si los niveles de volatilidad son muy bajos, es que casi nadie tiene la necesidad de comprar “protección” frente a caídas. Generalmente, cuando sube en exceso suele ser en el momento de máxima caída de los índices y por tanto de oportunidad de compra, y al contrario, pudiera representar un exceso de complacencia, una señal de mínimo temor.
 ¿Es una falsa sensación de seguridad? Ya veremos. Los buenos resultados corporativos, las expectativas de reducción de impuestos y los planes de incremento de inversión en infraestructuras en EEUU favorecen el actual optimismo. Las valoraciones en EEUU son altas, pero si los analistas aciertan, los crecimientos empresariales seguirán creciendo claramente por encima del crecimiento de la economía.
 De hecho la configuración de los índices entre zonas geográficas difieren notablemente. El S&P500 norteamericano, tiene un peso tecnológico de más del 21% frente al 5% que tenía en los 90 (por ejemplo). No es lo mismo tampoco cuando los comparas con los índices europeos, mucho más orientados a banca, industriales o consumo.
 Les recomiendo esta lectura de Sintetia del que extraigo unas reflexiones. ¿Son los modelos de negocio de compañías líderes por valor de mercado del S&P 500 hoy comparables a los de hace 15 años (Apple, Alphabet -Google-, Microsoft, Facebook, Amazon,.. frente a General Electric, Microsoft, Exxon, Citi, Walmart), o comparables a las de los índices europeos (Nestlé, HSBC, Roche, Novartis, Royal Dutch Shell)? ¿Su escalabilidad, su capacidad de crecimiento, sus márgenes?
 El análisis de los datos históricos es muy útil, pero la extrapolación del pasado hacia el futuro no sirve cuando ha habido un cambio estructural, una ruptura, un punto de inflexión, un cambio de paradigma. Esta revolución tecnológica que estamos viviendo se le llama ya la 3ª revolución industrial, y el ascenso de nuevos negocios tecnológicos pudiera justificar primas de valoración.
 Según unas estimaciones, el diferencial de valoración en términos de PER previsto (forward) entre EEUU y el resto del mundo se corregiría en la mitad si al índice global excluyendo a EEUU le asignáramos los mismos pesos por sector que al S&P 500, quedando un gap poco significativo. Otras estimaciones, utilizando el ratio Price-to-Book, indican que la sobrevaloración del mercado estadounidense, del 47% respecto al mundo, se reduce al 27% si ajustamos por sectores (básicamente corrigiendo el sobre-peso de EEUU en tecnología y su infra-peso en financiero). Y en contraste, la infravaloración del mercado español, que es del 26%, se contrae al 13%
 Concluyo… estas cuestiones las planteamos para que les sirva de reflexión, para no pensar tan rápido que no puedes entender lo que pasa. Aquí hay mucho más de lo que podemos entender. En todo caso, una realidad es incuestionable: mientras que los planes se vayan cumpliendo y los resultados sigan favoreciendo el actual impulso, los mercados bursátiles seguirán subiendo, y los que han permanecido con posiciones de liquidez sobreponderadas, o incluso apostando a la contra, tendrán que reconsiderar su política, retroalimentando la actual tendencia.
Rafael Romero, Director del Departamento de Inversiones de Unicorp Patrimonio.
Este análisis lo elaboró y editó también en el Blog corporativo de Unicorp Patrimonio

Europa se debilita

Me voy hoy un par de semanas de vacaciones y tengo la intención de expresar cierto optimismo con respecto a “estar preparado” para aprovechar las caídas bursátiles actuales para posicionarse en renta variable a medio plazo, porque creo que esa oportunidad va a llegar más pronto que tarde. Los gobiernos europeos y el BCE van a tener que actuar para hacer frente a la macroeconomía. Es muy importante la dependencia entre el ciclo económico y el bursátil.

Hay un ciclo económico, el que muestran los datos y sus tendencias, y hay un ciclo bursátil, absolutamente correlacionado, pero lo más importante es ser conscientes de que el ciclo bursátil se suele adelantar a los ciclos económicos, porque se mueve por expectativas. Por tanto, las expectativas de la economía real futura (del ciclo económico), lleva a adelantar entre 6 y 12 meses el movimiento, tanto al alza como a la baja al ciclo bursátil.
Sería algo aproximado a lo expresado por esta ilustración:

Y por este motivo, unido a las incertidumbres geopolíticas, los mercados europeos están bajando porque están ajustando los precios con respecto a la situación de la economía europea y sus expectativas futuras. Los datos que salen un día tras otro son los únicos que están alimentando de imputs en un ambiente vacacional, con pocos inversores,  y faltos de otras noticias pues se recogen las velas, por si llega otra tormenta.
La economía de la eurozona está estancada. Hoy hemos conocido que en el segundo trimestre del año no subió nada.  Alemania vuelve al terreno negativo (-0,2%), Francia estancada (0%)e Italia inesperadamente de nuevo en negativo (-0,2%) son los principales factores. Si sumas las recientes tensiones con Rusia que pudieran mermar todavía más esta situación, los ajustes a la baja de los resultados empresariales futuros son ya una realidad. Y por otro lado, y en positivo, hay argumentos cada vez más sólidos para un estímulo monetario más intenso por parte del BCE y la implantación de nuevas medidas desde la Unión Europea para intentar que el frenazo no acabe despeñándonos.
Por el lado de la inflación en la Unión Europea, estamos en el 0.4%, muy lejos del 2% de objetivo del BCE, y con muchos países en territorio negativo. No es una situación que invite a estar tranquilo.
La dificultad estriba en valorar si las bolsas ya han reaccionado suficientemente a la baja el escenario macroeconómico que se nos viene encima. 

Sin duda el fondo del mercado parece bueno, con un razonable optimismo de que de ésta saldremos, pero mi opinión la baso en exclusiva por una menor volatilidad y los recientes repuntes alcistas, porque la negociación es tan escasa estos  días, que no llegan a ser ciertamente representativos los movimientos.
Por tanto, es razonable esperar a ver los movimientos de los próximos días, insistiendo en que percibo un razonable optimismo. Hay una realidad incuestionable, si la economía no crece y no hay inflación, los tipos de interés estarán bajos más tiempo y la renta fija no va a ofrecer mucho retorno. Esto obliga a mantener o incrementar tus posiciones en bolsa, además de que puede ayudar nuevas medidas de los gobernantes y el BCE a la vuelta del verano.
Quizás los movimientos que hemos visto recientemente en high yield pudieran ser la antesala de un movimiento tendente a tener carteras de renta fija más conservadoras (gobiernos y corporativos de calidad en plazos cortos-medios) y la parte de riesgo no consumida por la renta fija añadirla a tu posicionamiento en renta variable, aunque más sesgado a compañías de mayor calidad, sin olvidar mover la cartera a un sesgo más global, porque hay otras partes del mundo donde el crecimiento respalda las perspectivas de la renta variable.

Estrategia de inversión para el verano

Tras pasar el ecuador de 2014 y entrando en periodo estival, nos obliga a reflexionar y valorar en qué punto nos encontramos con respecto a los riesgos y oportunidades de los mercados, de cara a plantear una estrategia de inversión tanto a corto como a medio y largo plazo.
En general, este año todas las clases de activos han ofrecido ganancias, con muchos mercados de renta variable haciendo máximos, especialmente apalancados en unas mejores perspectivas económicas y políticas monetarias enormemente expansivas, que obligan a los inversores a tomar riesgo si no quieren perder valor real de su patrimonio (incluyendo el efecto inflación). Aquí podemos ver la evolución de las bolsas, con una perspectiva histórica en las distintas zonas geográficas mundiales:
Pero la renta fija, que parecía mostrar síntomas de no ofrecer muchas oportunidades al cierre de 2013, ha tenido también excepcionales resultados, especialmente en España, Italia y mercados emergentes:
Ahora, tras estos movimientos y cerrado el segundo trimestre, estamos viviendo un incremento de la volatilidad del mercado. Creemos que estábamos en un periodo de tan reducida volatilidad que había motivos para empezar a preocuparse, ya que esas situaciones son un síntoma de “exceso de complacencia” y de olvido de los riesgos que seguimos teniendo encima de la mesa:

  •  salida de los estímulos monetarios en EEUU
  •  el crecimiento en emergentes, especialmente en China
  •   la valoración de las nuevas políticas para reactivar el crecimiento en Japón
  •   la sostenibilidad de las cuentas de los gobiernos periféricos europeos
  •  el posible paso del BCE a nuevas medidas de estímulos
  •  el posible proceso de deflación en Europa
  •  el escaso crecimiento en Francia y Alemania
  •   la escasez de crédito a empresas y familias en Europa
  •  el mantenimiento de tasas positivas de crecimiento de los beneficios empresariales, especialmente en Europa y EEUU
  •  los riesgos geopolíticos latentes: Ucrania, Siria, Gaza y otros menores pero importantes, como los cambios de gobiernos en muchos países emergentes.

 La lectura es clara, ahora vemos el vaso medio lleno, en un estado emocional de optimismo que nos lleva a minusvalorar los datos negativos y sobrevalorar los positivos; y esto se podía observar en el comportamiento excepcionalmente poco volátil de la mayoría de los activos, especialmente de las bolsas. Se puede medir por los índices VIX (volatilidad implícita de las opciones sobre el S&P) y otros similares. Nadie parece aprovechar la oportunidad para cubrir su cartera de posibles tormentas o tsunamis financieros.
Estamos todos subidos en nuestra tabla encima de una ola (en la tendencia alcista) que puede llevarnos hasta la orilla, todavía lejos, pero que por el camino nos puede tirar y revolcar. ¿Seremos capaces de levantarnos y esperar a la siguiente ola para seguir avanzando?
Los movimientos actuales, tras el escándalo de Gowex, del Banco Espirito Santo, etc no parece que se alejen de la normalidad del comportamiento de las bolsas. Ayer todo el mundo compraba como locos y hoy venden lo que compraron. ¿La diferencia? Pues que EEUU ha avanzado en su plan de sanciones a Rusia. También en la UE los Estados abren la puerta a un mayor bloqueo al pedir a la Comisión Europea que reevalúe la cooperación con Rusia con la idea de “suspender la aplicación de acuerdos bilaterales y programas de cooperación regional”.
Discúlpenme, estas son excusas que sirven para rellenar artículos como éste que explican a toro pasado el porqué del movimiento. Hoy el mercado cae por Rusia, mañana será por otra cosa, y pasado subirá porque hay unos buenos resultados de alguna gran compañía, una buena operación corporativa o sencillamente habíamos caído mucho y rebota en la línea de soporte tal que con el impulso rompe la directriz bajista X, y a la vez se cruza la media móvil de x sesiones y los indicadores estocásticos tal y tal se han puesto alcistas. En fin, siempre tendremos algún detonante para obligar a los inversores que ya tienen en su cabeza cierto posicionamiento y tienen su forma de seguir el mercado (por análisis fundamental o técnico), a tomar la decisión. Unos decidirán comprar y otros para vender. Unos comprarán para el medio plazo y otros para vender al mínimo rebote. Este, simplemente,  es el mecanismo del mercado.
¿No han podido leer estos días la enorme ambigüedad en los mensajes de los bancos centrales? Puede que pase esto, o quizás lo otro… pero el mensaje final es que ellos están ahí para proteger que si la ola te tira de la tabla, no salgas muy dañado si tomas algo de riesgo. Esto es cuestión de creérselo o no. Nosotros por el momento les creemos.
Por tanto, los bancos centrales están ahí. Eso se llama una Put (una opción de vender, que la uso o no a mi conveniencia). Una put gratis para tomar riesgos. El problema radica en que no sabes qué vencimiento tiene esa put y cuanto realmente vale (para ver cuanto te puede proteger). Los bancos centrales ven que se están montando burbujas en los activos financieros, esperando que se traslade a la economía real. Si explota la burbuja, nos llevaría a una gran pérdida de confianza y no permitirían que la economía real avance al ritmo que necesitamos para absorber el enorme esfuerzo de los gobiernos en forma de deuda.
Esto es muy complicado si tienes que pensar qué va a hacer hoy o mañana el mercado. A mí me llaman muchas veces y me preguntan qué valores comprar o cuales vender. En estas últimas semanas, mayoritariamente, casi todas las preguntas van encaminadas a qué comprar o cuando será el mejor momento de comprar, porque tienen liquidez. Esto es un sesgo especialmente optimista y eso me hace ser algo más prudente, pero mientras haya liquidez esperando a comprar, los mercados tienen apoyo, especialmente las bolsas, pero también la renta fija, porque para la parte más conservadora de las carteras necesitas activos de renta fija, porque en algún sitio tendré que poner el dinero. Preferible que me de muy poco a que no me de nada o que pierda.
Entonces, ¿qué hacer con respecto a las bolsas?  Creemos que la clave son los resultados empresariales. Los últimos conocidos desde Estados Unidos, parecen ir acompañando en positivo. Todavía quedan muchísimas compañías por ofrecer sus resultados. Creemos que podríamos ver recortes adicionales, pero al día de hoy estamos convencidos (salvo algún nuevo cisne negro que hoy no intuimos) que serán aprovechados por muchos inversores para comprar, porque acumulan liquidez desde hace tiempo en busca de mejores precios. Creemos que todavía en una perspectiva de medio plazo, las bolsas plantean una mejor opción de rentabilidad-riesgo.
¿Y la renta fija? no vemos riesgos a corto plazo. No debería de comportarse mal aunque simplemente no va a ofrecer grandes retornos a partir de ahora, pero ya no hay recorrido adicional de bajada de tires o reducción de las primas de riesgo. Sí que conviene recordar que muchos inversores han acumulado mucha cartera en el segmento del high yield. Si la situación se tensa, sería la más damnificada, más que en bonos emergentes.  
En todo caso y en líneas generales, conviene asimilar rentabilidades más pobres en las distintas clases de activos para el resto del año, y por supuesto un incremento de la volatilidad del mercado. 
Una cartera con activos de distintas clases de activos, a través de fondos de inversión flexibles y no especialmente volátiles, pueden ser la clave para no tener los nervios demasiado tensionados en los próximos meses. La put de los bancos centrales nos ofrece cierta seguridad, una especie de airbag, pero aunque te salve la vida, algo de daño te puede hacer. Si llevas también el cinturón de seguridad, mucho mejor.