Geopolítica, razón y emoción en la inversión

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Hace quince años se otorgó un Premio Nobel de Economía a dos “psicólogos” desarrollándose las finanzas conductuales, que incorporan conceptos propios de la psicología para describir cómo los agentes tomamos las decisiones de inversión (siempre en momentos de incertidumbre), y contrasta con el paradigma tradicional basado en la racionalidad, que define el mercado teóricamente como eficiente,  y por tanto que los precios de los activos siempre reflejan toda la información disponible.
Al día de hoy muchos de los que invertimos profesionalmente, sabemos que la formación de los precios en los mercados se generan por factores racionales, pero a menudo con una fuerte influencia emocional, ya que no toda la información es conocida por todos, ni a la misma velocidad (aunque se haya avanzado notablemente en esto) y que sin duda las emociones suelen ser los impulsores de las burbujas y fuertes recortes de los precios.
De alguna manera, los mercados suelen ponderar en mayor o menor medida la razón y la emoción, según el momento. Y el momento actual, en pleno mes de agosto, con muchos inversores alejados de los mercados y los que quedan, normalmente de menor experiencia y  capacidades, genera pocas ganas de complicarse la vida, especialmente cuando leen y oyen a dos señores de lanzarse ataques con misiles y ver fuegos nunca visto, entre otras lindeces. En fin,  es normal que se pise el freno.
El factor geopolítico en la inversión se está volviendo muy importante, porque es un factor adicional de riesgo a la macroeconomía y al seguimiento de las estrategias y resultados  de las compañías. La geopolítica te advierte de situaciones de inestabilidad en las relaciones internacionales, que se evidenciarán en un inicial incremento de la variabilidad de los precios de los mercados generados por el aumento de la aversión al riesgo, o la mejora de expectativas futuras, pero que suelen alcanzar a la economía real si se mantienen.
Por tanto, debemos de tenerlos en cuenta, y los riesgos geopolíticos no son medibles por los sistemas de control de riesgos usados tradicionalmente. ¿Cómo valorar un mundo distinto, donde el contexto geopolítico está cada vez más interconectado con el económico, con un avance tecnológico y de globalización que genera efectos disruptivos, con nuevas potencias que cuestionan el liderazgo incuestionable en otra época de EEUU, o la creciente insatisfacción de la mayoría de los ciudadanos occidentales?.
Sin duda es complejo medir los posibles exabruptos de un mandatario sin ninguna experiencia militar, ni diplomática, ni de gobierno político, y con creciente impopularidad. Por supuesto ¿cómo medir los efectos desestabilizadores de una creciente complejidad global que puedan llegar desde Venezuela, Turquía, Rusia, Siria, Reino Unido, China, terrorismo, ciberataques, etc. ?
Si la emoción pasa del optimismo hacia la preocupación, el desaliento o el miedo, la búsqueda de activos refugio por un aumento de la aversión al riesgo es un comportamiento normal del mercado, pero también la normalidad del mercado es volver a la racionalidad de la macroeconomía, las políticas monetarias y los resultados empresariales cuando se difuminan esos primeros titulares y se pierde el eco de las primeras diatribas verbales.
Hay que ser observador de estos factores y añadirlos a tu modelo de inversión. En Unicorp lo hacemos, y sabemos que estos factores son los de mayor riesgo que tenemos para lograr alcanzar lo que la racionalidad parece mostrarnos, y es un gran escenario para seguir favoreciendo la inversión en los mercados, aunque desgraciadamente, la posibilidad de que el presidente de EEUU embarque al país en un conflicto bélico antes de finalizar su mandato se incrementa, por lo que conviene añadir un plus de prudencia y mayor diversificación.
Pero eso, un conflicto bélico, pudiera llegar mucho más tarde. No ahora. Es normal que se inquieten los mercados con las noticias recientes, y con pocos inversores y plusvalías acumuladas, las caídas puedan acentuarse algo más de lo previsto, pero la racionalidad invita a pensar que la probabilidad de guerra es reducida, y que la verborrea se diluya, dejando precios muy atractivos para los que puedan y sepan aprovechar la oportunidad, aunque esta vez sí, con un aumento de la volatilidad.
Fuente Ilustración: World Economic Fórum

La connotación positiva del riesgo

Cuando conversas con un cliente sobre un plan de inversiones, muy a menudo su mayor inquietud es la posibilidad de encontrarse con pérdidas si está incorporando activos de riesgo.
Es una situación normal. La naturaleza de las personas les lleva a tener aversión al riesgo, es decir, en general prefieren no tomar riesgos, frente a asumirlos.
Aunque un asesor financiero, en materia de riesgos de un producto o cartera, se centre en que el cliente pueda entender las pérdidas potenciales, también debe esforzarse en explicar la connotación positiva del riesgo, porque el riesgo viene ligado a la oportunidad.
Ningún problema nos llegará si no tomamos riesgos, pero si no lo tomamos, no ocurrirá nada.
La potencialidad de pérdidas viene asociada a la volatilidad de una cartera, pero como medida de variabilidad sobre un valor medio, igual que pudiera comportarse negativamente, pudiera hacerlo positivamente: necesitamos la volatilidad asociada al riesgo para poder hacer crecer el valor de una cartera a medio plazo.  
Las pérdidas llegan cuando el riesgo se encuentra con la adversidad, cuando algo va mal y el mercado le pone un precio a la baja; pero es posible que las pérdidas no lleguen o se puedan superar en un horizonte temporal adecuado a su perfil, y el haber asumido más riesgo, te pudiera permitir generar un mayor retorno.
Por otro lado, hay que entender que existen numerosos factores de riesgo en una cartera, y no suelen comportarse de forma similar al mismo tiempo, por lo que unos factores de riesgo pudieran ser positivos para una clase de activos y negativo para otros. Por ejemplo un sorprendente elevado crecimiento económico pudiera ser una situación positiva para activos de renta variable, y negativa para activos de renta fija. 
El dilema sobre el riesgo de una cartera es la de entender que el tener riesgo en una cartera de inversión, por sí mismo, no es negativo, ya que las pérdidas puede que no lleguen y el haber asumido más riesgo, especialmente si está diversificado inteligentemente entre diversos factores de riesgo,  pudiera ofrecer un mejor retorno con respecto al riesgo asumido.
Este artículo se publicó inicialmente en mi blog de la web Funds People
Rafael Romero es Director de Inversiones en Unicorp Patrimonio SV y Profesor de Asesoramiento y Planificación Financiera y Fondos de Inversión en el Máster de Asesoramiento Financiero de ESESA