Desaprende a invertir

El mundo está en plena transformación, modificándose la forma en que vivimos, trabajamos y relacionamos. Todos los negocios están en disrupción, acelerada por la globalización, la tecnología, los cambios sociales y demográficos, y asomando los retos medioambientales. Y ya está aquí lo más disruptivo, el uso masivo de los datos y la inteligencia artificial, una tecnología que permite a las máquinas sentir, comprender, actuar y aprender; siendo probable que las empresas que hagan lo mismo que antes tengan dificultad para sobrevivir.

En 1970 Alvin Toffler denominó “El shock del futuro” el estado psicológico que afecta a los individuos cuando perciben demasiados cambios en un periodo de tiempo demasiado corto.

En este momento, la aceleración de los cambios golpea a todos como un tsunami, generando una gran dificultad de seguimiento y entendimiento.

El planteamiento de donde invertir y cómo invertir ha cambiado, por lo que mirando el pasado no lo voy a predecir, y quizás debiéramos desaprender a invertir según algunas tradicionales creencias, porque ya nos dimos cuenta que los mercados no son eficientes, los precios no reflejan toda la información, porque ésta es asimétrica y se puede aprovechar; y además los inversores no suelen ser racionales, decidiendo más con la intuición que con la información.

Tras diez años de subidas bursátiles y activos seguros en mínimos, la dificultad se eleva. En el pasado hubiéramos construido una cartera diversificada de bonos y activos bursátiles buscando una rentabilidad asociada al rendimiento y riesgo histórico en función del objetivo perseguido, pero parece que ahora no va a funcionar igual. Los activos conservadores ofrecen más riesgo de pérdidas que de retornos, lo que implica la búsqueda de activos alternativos, y aumentar la ponderación en las bolsas, pero parecen caras. ¿Lo son en un mundo en crecimiento?.

El shock provocado por no entender el nuevo escenario, ha dificultado aprovecharse de las grandes oportunidades que el ciclo global ha generado y parece que seguirá generando. Muchos no fueron conscientes que aunque las bolsas parecían caras, los componentes son distintos en nombres y sectores, primándose ahora más las empresas con talento que con capital. ¿Cómo vas a mirar los resultados históricos si los líderes actuales no son comparables al pasado?

Además ahora el mundo es global, y parece más sensato construir carteras globales diversificando sectorialmente frente al domicilio social de las empresas, que además no es lo importante, sino donde genera sus ingresos. Bajo ese prisma, todavía tenemos el sesgo de que invertir en activos emergentes es especialmente arriesgado, a pesar de que sabemos que la demografía, el acelerado crecimiento de la renta disponible y el cambio radical en los patrones de consumo permiten pensar que están siendo, y serán la principal fuente de crecimiento global.

También en las bolsas, dado el aumento de las correlaciones y para generar un retorno y diversificación más prudente, podemos analizar los distintos factores alternativos impulsores de los precios, y diversificar entre ellos (por ejemplo tamaño, momentum, valor, crecimiento, etc.). Y la inversión debiera centrarse en el largo plazo, obligados por un futuro que nos lleva a ser más longevos. Así podríamos aprovecharnos de invertir más asociados a grandes megatendencias estructurales, reduciendo el ruido de fondo, y aumentando las perspectivas de retornos por su mayor potencial.

Finalmente, empezar a añadir factores de inversión ética y socialmente responsable, empieza a ser determinante para asociar nuestra forma de ver el mundo con nuestras inversiones, y para asegurarnos la sostenibilidad y calidad de las empresas en las que invertimos, lo que aumenta las perspectivas de retornos más consistentes.

Quizás debamos desaprender a invertir para evolucionar, abandonando las viejas convicciones y aprendiendo a enfocar nuestra estructura mental a un nuevo escenario, porque puede ser un factor diferencial para encontrar oportunidades y diversificar mejor tus inversiones en un mundo en transformación.

Este artículo se publicó inicialmente en la Revista Citywire de Junio 2018

Visión Estratégica de Inversiones 2018

strategic

“El entorno sigue siendo muy positivo”

 Durante 2017 se mantuvo un entorno muy propicio para la mayoría de las clases de activos, con una clara recuperación de las bolsas, especialmente fuera de Europa y de la renta fija, con la ayuda de los bancos centrales y unos niveles muy reducidos de inflación.

Para este nuevo 2018 el escenario se mantiene, con las expectativas de un ciclo expansivo de las economías a nivel global para los próximos años y un menor riesgo macroeconómico. En ciclos expansivos, los activos de riesgo se comportan bien, porque se genera empleo, aumenta el consumo y la inversión, los resultados empresariales suelen mejorar, se recaudan más impuestos, etc. y parece sensato acompañarlo como inversor.

La economía europea evoluciona muy bien. Los últimos datos en la UEM mantienen una fuerte señal expansiva (en máximos la confianza empresarial y de consumidores desde 2000)  y permiten pensar en una tendencia continuista. A pesar de esta tendencia, en Europa persiste una limitada presión inflacionista (la inflación general en torno al 1.4% pero la subyacente se mantiene por debajo del 1%), situación que pudiera persistir debido a la apreciación del euro y el reducido crecimiento de los salarios.

La economía de Estados Unidos sigue con buenas perspectivas, especialmente por el nuevo impulso que permita la reducción de impuestos que pudiera implantarse durante los primeros trimestres de 2018.  Los datos de confianza siguen en máximos, los datos de empleo, la fortaleza del mercado inmobiliario, etc. son factores que seguirán impulsando la actual tendencia.

También mejora notablemente el entorno para Japón, que tras las elecciones generales celebradas en el pasado mes de octubre, ha acelerado las reformas económicas, mejorando sus perspectivas futuras. China muestra una clara fortaleza, así como el resto de mercados emergentes al calor de un mayor precio de las materias primas.

Los factores políticos seguramente generarán momentos de incertidumbre y caídas en las bolsas, pero creemos que se irán diluyendo y que las tensiones que pudieran llegar, no debieran modificar la tendencia actual de fondo de los mercados. En todo caso, vemos más riesgos de que se desacelere el crecimiento de algunos países por la actual situación política, por ejemplo Brasil, Reino Unido y España, pero no cambian el sesgo global de expansión, lo que nos invita a ser más global que nunca en nuestra cartera.

En todo caso, son factores a vigilar y obliga a diversificar, porque el populismo parece avanzar a nivel global, y pudieran ser un freno al impulso de las economías y los mercados, pero observamos que los gobiernos están viéndose obligados a incrementar el gasto para mejorar su popularidad, lo que ayudará a la economía: obsérvese el plan fiscal de Trump y probable veamos en Europa este año en diversos países.

En el más corto plazo, Merkel está retomando las negociaciones para formar gobierno en Alemania y con bastante probabilidad pudieran cerrar un nuevo acuerdo con los socialdemócratas (su anterior aliado de gobierno). Por otro lado, en Italia se ha disuelto el Parlamento y se han convocado elecciones para Marzo. En Italia genera tensión el crecimiento del Movimiento 5 Estrellas, con ideas populistas y perfil antieuropeo, lo que también complicaría la formación de gobierno.

En España seguimos con la dificultad para formar gobierno en Cataluña, aunque pensamos que en este sentidolos inversores valorarán más la enorme aportación del negocio internacional en las compañías cotizadas, aunque las empresas con mayor concentración de riesgo de su negocio en la zona pudieran tener un comportamiento relativo peor.

A nivel global da la impresión que Trump está empezando a moderarse y  Corea del Norte no creemos persista en incrementar la tensión. En torno al Brexit, se resolverá la situación con una salida del Reino Unido de la Unión Europea cómoda para todos, y de forma rápida, ya que está pesando esta incertidumbre a la economía británica, que crece por debajo de la Unión Europea. Venezuela, Oriente Próximo y otras zonas donde se concentra el petróleo, también pudieran generar una tensión adicional en el precio de la energía, que debiera ser temporal (se prevé que en los próximos años se reduzca la dependencia del petróleo de forma generalizada en el mundo).

Por otro lado, también hay que estar preparado a la continuación del cambio de ciclo de políticas monetarias en EEUU,  y a un posible incremento no deseado de la inflación que pudiera llegar impulsada por una subida de salarios en EEUU, dado el momento actual de su economía y el mercado laboral.

Una aceleración de la inflación suele tener un impacto negativo en las curvas de bonos a medio y largo plazo y unas condiciones menos expansivas por los bancos centrales. Pero aunque la Reserva Federal de los Estados Unidos pudiera subir algo más los tipos de interés, el que el BCE siga comprando, combinado con la agresiva política del Banco Central de Japón (se compromete a mantener los tipos de interés entorno al 0% en el plazo de diez años) y el acompañamiento del Banco de Inglaterra, dibuja un escenario de subidas muy graduales de las tires de los bonos, en el caso de que se produzcan.

Si la mayoría de analistas y organismos parten de que la expansión económica global proseguirá durante 2018 y los tipos de interés permanecerán bajos, sin elevadas tensiones geopolíticas, es evidente que podemos aprovecharnos de las oportunidades que se brindan.

Este escenario actual condiciona una probabilidad mayor de generar retornos positivos en los distintos mercados bursátiles, y reducidas opciones en la renta fija, especialmente del perfil conservador, pero sí en bonos de empresas y la inversión en estrategias de valor relativo.

En un mundo de represión financiera, en el que la inflación supera los tipos de interés sin riesgo, la generalidad de inversores seguirán buscando al menos unas rentas que les cubra el paso del tiempo, por lo que las inversiones en crédito corporativo deberían de seguir evolucionando positivamente. Así mismo, los inversores irán trasladando poco a poco inversión a bonos flotantes y bonos vinculados a la inflación.

Seguimos valorando muy positivamente la bolsa europea  frente a Estados Unidos (donde seguimos viendo valor especialmente el sector tecnológico, financiero y bienes de consumo). En toda Asia vemos un claro potencial en sus bolsas, de mantener el buen impulso actual, incluyendo China (por su creciente importancia global y nuevas iniciativas) y Japón por la mejorada situación económica y apoyo del banco central.

La disrupción tecnológica seguirá impactando notablemente en los resultados empresariales de las compañías ganadoras y perdedoras en un nuevo entorno, así como los factores demográficos, y medio ambientales. Son factores que deben incorporarse en la construcción de las carteras.

Un riesgo adicional es el actual entorno de bajísima volatilidad, que pudiera mostrar una confianza mayoritaria y quizás excesiva en la tendencia actual, que conviene vigilar más de cerca. Hay una creciente tendencia a gestionar carteras en función de una volatilidad asignada (como medida del riesgo) y este modelo, podría estar originando un incremento paulatino del riesgo de las carteras de los inversores a medida que la propia volatilidad se reduce, autoalimentando el propio proceso, pero también potenciando un desenlace negativo (se incrementarían las ventas en un proceso de aumento de volatilidad, autoalimentando las caídas y la volatilidad al alza).

Bajo este prisma, habría que tener más prudencia con la inversión en activos con menos liquidez, que se verían más perjudicados en caso de repuntes de la volatilidad, por una reducción más rápida del apoyo de los bancos centrales o algún evento extremo en la renta fija,  o en las bolsas, que se está viendo afectada por un incremento de la inversión en fondos cotizados (ETF) que invierten en los índices, y por el uso del trading de alta frecuencia, factores que pudieran estar ayudando a reducir la volatilidad, pero “agrupando” la rentabilidad en un conjunto reducido de acciones.

En definitiva, seguimos en un periodo de oportunidad, pero en una fase del ciclo más maduro, por lo que es aconsejable ser más precavido y selectivo en la gestión de una cartera, especialmente  en el actual entorno de reducida volatilidad, pero sin renunciar a acompañar la actual tendencia en los mercados.

Artículo inicialmente publicado en el blog de Unicorp Patrimonio http://blog.unicorppatrimonio.es/2018/01/09/8062/