Desaprende a invertir

El mundo está en plena transformación, modificándose la forma en que vivimos, trabajamos y relacionamos. Todos los negocios están en disrupción, acelerada por la globalización, la tecnología, los cambios sociales y demográficos, y asomando los retos medioambientales. Y ya está aquí lo más disruptivo, el uso masivo de los datos y la inteligencia artificial, una tecnología que permite a las máquinas sentir, comprender, actuar y aprender; siendo probable que las empresas que hagan lo mismo que antes tengan dificultad para sobrevivir.

En 1970 Alvin Toffler denominó “El shock del futuro” el estado psicológico que afecta a los individuos cuando perciben demasiados cambios en un periodo de tiempo demasiado corto.

En este momento, la aceleración de los cambios golpea a todos como un tsunami, generando una gran dificultad de seguimiento y entendimiento.

El planteamiento de donde invertir y cómo invertir ha cambiado, por lo que mirando el pasado no lo voy a predecir, y quizás debiéramos desaprender a invertir según algunas tradicionales creencias, porque ya nos dimos cuenta que los mercados no son eficientes, los precios no reflejan toda la información, porque ésta es asimétrica y se puede aprovechar; y además los inversores no suelen ser racionales, decidiendo más con la intuición que con la información.

Tras diez años de subidas bursátiles y activos seguros en mínimos, la dificultad se eleva. En el pasado hubiéramos construido una cartera diversificada de bonos y activos bursátiles buscando una rentabilidad asociada al rendimiento y riesgo histórico en función del objetivo perseguido, pero parece que ahora no va a funcionar igual. Los activos conservadores ofrecen más riesgo de pérdidas que de retornos, lo que implica la búsqueda de activos alternativos, y aumentar la ponderación en las bolsas, pero parecen caras. ¿Lo son en un mundo en crecimiento?.

El shock provocado por no entender el nuevo escenario, ha dificultado aprovecharse de las grandes oportunidades que el ciclo global ha generado y parece que seguirá generando. Muchos no fueron conscientes que aunque las bolsas parecían caras, los componentes son distintos en nombres y sectores, primándose ahora más las empresas con talento que con capital. ¿Cómo vas a mirar los resultados históricos si los líderes actuales no son comparables al pasado?

Además ahora el mundo es global, y parece más sensato construir carteras globales diversificando sectorialmente frente al domicilio social de las empresas, que además no es lo importante, sino donde genera sus ingresos. Bajo ese prisma, todavía tenemos el sesgo de que invertir en activos emergentes es especialmente arriesgado, a pesar de que sabemos que la demografía, el acelerado crecimiento de la renta disponible y el cambio radical en los patrones de consumo permiten pensar que están siendo, y serán la principal fuente de crecimiento global.

También en las bolsas, dado el aumento de las correlaciones y para generar un retorno y diversificación más prudente, podemos analizar los distintos factores alternativos impulsores de los precios, y diversificar entre ellos (por ejemplo tamaño, momentum, valor, crecimiento, etc.). Y la inversión debiera centrarse en el largo plazo, obligados por un futuro que nos lleva a ser más longevos. Así podríamos aprovecharnos de invertir más asociados a grandes megatendencias estructurales, reduciendo el ruido de fondo, y aumentando las perspectivas de retornos por su mayor potencial.

Finalmente, empezar a añadir factores de inversión ética y socialmente responsable, empieza a ser determinante para asociar nuestra forma de ver el mundo con nuestras inversiones, y para asegurarnos la sostenibilidad y calidad de las empresas en las que invertimos, lo que aumenta las perspectivas de retornos más consistentes.

Quizás debamos desaprender a invertir para evolucionar, abandonando las viejas convicciones y aprendiendo a enfocar nuestra estructura mental a un nuevo escenario, porque puede ser un factor diferencial para encontrar oportunidades y diversificar mejor tus inversiones en un mundo en transformación.

Este artículo se publicó inicialmente en la Revista Citywire de Junio 2018

Destacado

La economía nos trajo muchos regalos en 2017

BLOGA punto de llegar la Navidad, merece la pena reflexionar sobre los regalos que nos ha deparado este año la economía, permitiendo un magnífico resultado para todos los activos de riesgo, especialmente en las bolsas, pero también en renta fija corporativa, deuda financiera subordinada, high yield, emergentes, etc. y cómo pudieran evolucionar para este Año Nuevo.

Aunque muchos gurús planteaban escenarios más catastrofistas avalados por los gráficos que mostraban zonas de techos históricos en las bolsas, especialmente en EEUU, que podrían arrastrar a los mercados a correcciones más o menos severas, la realidad de unos sobresalientes datos macroeconómicos globales, aupados por un cambio estructural del mundo, están definiendo un escenario nuevo, asociado a la globalización, la demografía y especialmente la tecnología (automatización industrial y de servicios, digitalización, inteligencia artificial, robótica…), al que se unirá la necesidad de moderar el cambio climático.

Un escenario nuevo en el que compiten las empresas, un escenario en el que tomarán ventaja las que se adapten más rápido, pero es un escenario que permite pensar que va a continuar siendo positivo para los inversores que no ignoren la realidad de que por primera vez en mucho tiempo todas las economías del mundo crecen, que hay un exceso de ahorro y liquidez, que la inflación es moderada y las incertidumbres políticas se van diluyendo.

Y en el momento más actual, desde EEUU aumenta la probabilidad de aprobar para el 2018 el plan de reforma tributaria pendiente desde que Trump llegó a la Casablanca tras pasar la aprobación del Senado aunque todavía este proyecto de Ley de Rebaja Impositiva y Empleo debe pasar todavía por diversos trámites, entre ellos la aprobación de la Cámara de Representantes y posteriormente del Senado de la versión definitiva, que debe limarse sustancialmente, ya que las propuestas de las dos cámaras difieren en numerosos aspectos.

Aunque pudiera ser descafeinada, esperamos que llegue e impulse los beneficios de las empresas, no solo norteamericanas, sino también de las compañías europeas más expuestas a EEUU; y permita la repatriación al país de los más de 2,5 billones de dólares de beneficios que muchas de las multinacionales del país guardan en el extranjero, aumentando la retribución de accionistas y aumentando la inversión en nuevos proyectos.

Las bolsas no están baratas, pero los precios están justificados en la economía y los beneficios. Con una mirada más a largo plazo, los futuros incrementos de la volatilidad y correcciones que acabarán por llegar, pudieran plantearse más como una oportunidad, que la señal de un cambio de tendencia. Europa tiene mucho que ofrecer todavía, así como Japón. El resto de Asia y EEUU debería seguir evolucionando positivamente. Sectorialmente, las oportunidades en grandes tendencias planteadas en nuestros informes anteriores no han variado, porque son estructurales.

Por otro lado, la gran sorpresa para muchos inversores ha sido el buen comportamiento que han tenido los mercados de renta fija. En un entorno económico de clara mejora, y el inicio de procesos de normalización monetaria, implicaba ser cauto ante la inversión en activos en mínimos históricos de rentabilidad, pero las dinámicas deflacionistas actuales han seguido desdibujando la presión inflacionista que la actual coyuntura debiera haber traído, retrasando el fin del apoyo de los bancos centrales.

La renta fija aporta poca rentabilidad, pero no parece mostrar señales de severos cambios de tendencia. En nuestra opinión, consideramos que al igual que el año pasado, la inversión en deuda de gobiernos desarrollados se muestra especialmente arriesgada, dado que en plazos más cortos ofrece rentabilidades negativas, y en plazos más largos no ofrece retorno ni para cubrir la inflación actual, salvo la deuda norteamericana, que evidentemente plantea el riesgo de la cotización de su divisa frente a nuestra moneda local.

Así mismo, la deuda corporativa, tanto de grado de inversión, como de alta rentabilidad (high yield) y de mercados emergentes, también ofrecen retornos reducidos, dada la incesante búsqueda de inversiones con cupón más alto de los inversores, unido a los mejores fundamentales de los emisores, pero hay que seguir invirtiendo parte de la posición fuera de las bolsas, en ese segmento, complementado con estrategias de gestión alternativa, así como aumentar la inversión en renta fija más global, más diversificada, y muy flexible a la búsqueda de retornos en distintos segmentos, zonas geográficas, divisas, etc.

Una diversificación más global, prudente e inteligente (que mejore el rendimiento frente al riesgo asumido), sigue siendo nuestro mejor consejo para afrontar un año nuevo, que esperamos llegue con nuevos regalos para el inversor paciente, al calor de un ciclo económico expansivo. El tren no va a detenerse.

Este artículo se publicó en el blog corporativo de Unicorp Patrimonio SV http://blog.unicorppatrimonio.es/2017/12/13/7798/

Estrategias de Inversión 2018

estraCarteras globales y diversificadas. Así hemos ido planteando la estrategia para salir airoso de la mayor incertidumbre generada especialmente por el lado geopolítico en diversos frentes, incluyendo la situación actual en España.

Y de nuevo acertamos en el desafío de mantener apuestas estratégicas de riesgo en un mundo lleno de oportunidades. En el pasado mes de octubre, todas las bolsas desarrolladas y emergentes han tenido un muy buen comportamiento, incluyendo al Ibex-35 que cerró con subida superior al 1%. La bolsa Japonesa lideró la subida con más de un 10% de incremento, gracias a los recientes resultados electorales que apuestan por seguir incentivando la economía del país.

Por otro lado, la mayoría de activos de renta fija han tenido muy buen comportamiento, destacando las mejoras de los precios de los bonos financieros, corporativos en general y los de alta rentabilidad. Los aparentes miedos en torno a un posible pinchazo de una supuesta burbuja en los precios de los activos de renta fija siguen sin materializarse, y una cartera bien diversificada con toda clase de activos, ha tenido un magnífico resultado este mes, y este año.

Con muchos inversores todavía atenazados por el ruido y pesimismo de fondo, debemos de valorar la situación en la que nos encontramos, de cara a revisar la actual estrategia de inversión para el cierre del año, y con una mirada ya hacia el año que viene:

  • Todas las principales economías se encuentran en fase de crecimiento económico. Por primera vez desde antes de la crisis financiera, todos los países de la OCDE están en crecimiento, aunque en distintas fase del ciclo alcista. Todos los organismos revisan al alza el crecimiento global para el cierre del año y esperan mejoras para los próximos años.
  • Los tipos de interés globales siguen históricamente muy bajos. Y seguirán así durante mucho tiempo, porque las alzas llegarán despacio si no se acelera la inflación.
  • La inflación sigue muy controlada y por debajo de los objetivos de los bancos centrales, pero no hay riesgo de deflación (y esta es la diferencia positiva con el pasado).
  •  Las tasas de desempleo en descenso. Las previsiones para cierre de ejercicio son del 5.6% para economías desarrolladas y del 6% para economías emergentes. Previsión del 8% en Eurozona y 4.4% en Estados Unidos, 4.5% en Reino Unido y 2,8% en Japón. Este dato es un claro impulso para la confianza del consumidor, que se encuentra en zona de máximos históricos.
  • Sigue habiendo más liquidez que nunca en el mercado. Aunque el Banco Central en EEUU (FED) ya anunció la intención de ir reduciendo su balance (drenar liquidez en el mercado vendiendo bonos de su cartera) lo hará a ritmo suave. Sin embargo el BCE y el Banco de Japón seguirán con fuertes compras de activos al menos durante los tres primeros trimestres del 2018.
  • Los bancos centrales son conscientes de sus pasados errores. Son conscientes de que deben eliminar incertidumbre con mayor comunicación, por lo que no habrá sorpresas. La FED subirá tipos probablemente en diciembre de este año, y algo más durante 2018 si su economía sigue evolucionando positivamente. El BCE no subirá los tipos hasta 2019, y el Banco de Inglaterra ya ha empezado. Este es el guión y si no hay sorpresas, el mercado no tendrá reacciones negativas.
  • Los beneficios empresariales superan expectativas. El control de gastos al que obligó la crisis financiera y el aumento de las ventas gracias a la mejora del ciclo económico y la globalización, unido a una financiación más barata que nunca y los costes de la energía ajustados, están impulsando el crecimiento de los beneficios empresariales.

Algunas conclusiones para la estrategia de inversión

Nuestras previsiones prevén un mantenimiento del escenario actual, con crecimiento económico global consolidado, una modesta presión inflacionista y una generalizada confianza de consumidores y empresarios. Este escenario seguirá siendo un entorno ideal para los activos de riesgo.

Observaremos diferencias con respecto a la salida de la expansión monetaria en EEUU y Europa, aunque creemos que los tipos de interés permanecerán en niveles bajos, con subidas muy lentas y una línea muy acomodaticia al ciclo económico.

Las bolsas están en precios ajustados en términos históricos, pero los sectores y compañías que representan los índices principales, son sustancialmente distintos a los de hace diez, 20 o 30 años, en un mundo sustancialmente distinto, por lo que no son comparables.

Creemos que en los próximos semestres las bolsas en EEUU pudieran mantener su buena trayectoria gracias a los planes de estímulo fiscal y el impulso de los líderes tecnológicos globales. Europa nos parece que cotiza más barata, por lo que tiene a priori más terreno para mejorar.

En Asia vemos mucho potencial, con el impulso de China y Japón, aunque permanece la incertidumbre en torno a Corea del Norte. En general, los mercados emergentes deben de estar incorporados en las carteras de manera estructural, porque ya no son tan emergentes.

Nos gustan los sectores ligados a la tecnología, entorno a la digitalización de procesos y servicios, la robótica, inteligencia artificial, y seguridad, porque son tendencias estructurales difíciles de cambiar por la política o economía. Por otro lado, el sector de consumo tanto en emergentes como en países desarrollados tiene todavía mucho recorrido en un mundo en crecimiento. Hay otras opciones interesantes a medio plazo como ideas ligadas al cambio climático, salud, ocio, e infraestructuras. Así mismo, un predecible aumento de los tipos de interés a futuro, favorece a todo el sector financiero.

Por otro lado, las empresas de pequeña y mediana capitalización, a medio plazo suelen tener un comportamiento bastante mejor en términos de rentabilidad ajustada al riesgo y deberíamos de ir añadiendo cada vez más su porcentaje en cartera, siempre muy bien diversificado a través de fondos especializados. La tendencia actual de la gestión pasiva, invertida en los valores más grandes, influye en encontrar más oportunidades en la gestión activa de valores de menor capitalización.

Los inversores tendrían que orientar su política de inversión hacia la consecución de objetivos con distintos horizontes temporales. Aunque se considere conservador, sus objetivos deberían incluir el mantener su capital a salvo de la inflación y esperar mantener su nivel adquisitivo en su jubilación.

Estos objetivos no pueden alcanzarse con políticas cortoplacistas, sino de largo plazo en estrategias bien diversificadas, que siempre incluyan cierto posicionamiento en renta variable, complementado con productos ligados a bonos con riesgo cierto riesgo corporativo.

El año 2018 lo vamos a seguir afrontando con un optimismo prudente, para aprovechar las buenas oportunidades que siempre genera un crecimiento global estable.

Este artículo lo publiqué en el blog de mi compañía, Unicorp Patrimonio http://blog.unicorppatrimonio.es/2017/11/07/7439/

Carteras globales y diversificadas

Un mes más, acertamos con nuestra visión estratégica de fondo, en torno a una buena evolución de la economía a nivel global, con un apoyo que seguirá persistiendo de las políticas monetarias y con una ausencia de presiones inflacionistas. Esto se refleja, de nuevo, en un muy buen comportamiento en las bolsas este pasado mes, especialmente en Europa, tal como esperábamos, aunque es cierto que nuestro Ibex, prácticamente ha terminado el mes plano, sin acompañar al resto de Europa que ha marcado subidas superiores al 5%.
La mayor percepción de riesgo en torno a la situación en Cataluña probablemente ha desteñido el brillante comportamiento de nuestra bolsa de los trimestres anteriores, que venía ligado, como no puede ser de otra manera, a los buenos datos económicos y favorables expectativas futuras. La situación pudiera implicar un mayor riesgo a las empresas más expuestas y una salida de inversores de España, frenando el impulso económico actual.

En todo caso, no conviene olvidar que las empresas del Ibex actualmente están alcanzando un récord de facturación en el extranjero. De hecho cerca de la mitad de las 35 componentes del selectivo, obtuvieron más del 70% de sus ventas fuera de España, y muchas con niveles superiores al 90%.

El Ibex no representa a España, representa a las empresas que tienen su sede en España. Igualmente, las empresas radicadas en Cataluña, no tienen su negocio mayoritario allí, y siempre podrían trasladar su sede. En todo caso, la enorme dificultad del momento solo nos puede hacer volver a recomendar una revisión de la estrategia de inversión hacia nuestra preferencia de carteras globales y bien diversificadas en clases de activos.

Este mes las medidas que esperábamos no especialmente revolucionarias de Trump se han avanzado,  facilitando que continúen las bolsas en EEUU con tono positivo incluso en máximos históricos, y ayudando a que el euro deje de fortalecer su cambio frente al dólar. Esta situación seguirá manteniéndose si persisten los crecimientos de los beneficios, por lo que no conviene pensar que al estar en máximos no hay más recorrido.
Por otro lado, también esperábamos que la política monetaria actualmente expansiva vaya tomando un ritmo tranquilo de salida, y así lo expresó este pasado mes la Reserva Federal de los Estados Unidos, con una agenda clara de reducción de su balance, pero tan despacito que podrían pasar más de cinco años para reducir el saldo acumulado de deuda.
Por ello, los mercados están tranquilos con respecto a esta incertidumbre, lo que no implica que pudiera modificarse en los próximos meses en función de los datos macroeconómicos y de confianza.  Y en Europa más de lo mismo. La subida de tipos irá con tanta lentitud como la economía necesite, máxime con la gran revalorización que ha tenido el euro de un 14% frente al dólar, que tiene un efecto que reduce la competitividad de los productos europeos en el comercio global, y esto tiene un efecto similar a una subida de tipos de interés.
Seguimos tranquilos con la inflación tanto en EEUU como en Europa, y persistimos en nuestra tesis que hay un trasfondo de fuerzas deflacionistas ligadas a la globalización, el  comercio electrónico, la digitalización de procesos, la robotización de la industria y servicios, la inteligencia artificial, las alternativas energéticas al petróleo,  el aumento de la longevidad, etc. que influyen en crecimientos sin tensiones en los precios y una mayor acumulación de ahorro, que están facilitando una nueva normalidad de crecimientos menos intensos acompañados de reducida inflación, y por tanto de tipos de interés bajos.
Por otro lado, empezamos ya a olvidarnos de las disputas de Corea del Norte y Trump. La racionalidad volvió y tras presionar China a ambos, es un asunto que ha quedado aparcado, aunque no olvidado. Las elecciones en Alemania volvieron a favorecer a Merkel, y parece ir engranándose una fase de mayor compromiso por reformar la Unión Europea.
Tanto el Brexit, como la entrada de la ultraderecha en el parlamento alemán y el creciente populismo en toda Europa,  obliga a entenderse, y tanto Francia como Alemania con los países periféricos, están retomando el debate sobre el futuro de Europa tras la salida de Reino Unido, probablemente hacia una mayor cohesión y estabilidad.
Salvo la situación en Cataluña, que nos previene ante posibles episodios de inestabilidad futura, mantenemos  nuestra convicción de observar un escenario global favorable para mantener activos de riesgo, tanto de bolsa como de renta fija. Llevamos ya varios años oyendo a los gurús que advierten de una aparente complacencia con respecto a los riesgos actuales, pero esta supuesta nueva normalidad, y la acumulación de liquidez en las carteras, que sigue siendo muy importante, no propicia graves episodios en los mercados con los hechos conocidos.
Por ello, a priori percibimos actitudes  de miopía con respecto a las oportunidades, que se han producido de forma notable y que siguen ahí, aunque de menor potencial. Gestionar implica valorar riesgos y oportunidades, de forma racional. Aunque el riesgo bajista en los mercados evidentemente va creciendo a medida que los precios siguen subiendo, no parece el momento de apearse si se gestiona una cartera de forma global y muy diversificada.
 Sin duda los mercados bursátiles, y de renta fija, pueden ser vulnerables a cualquier noticia que pudiera desestabilizar la actual situación. Por tanto, apostamos a ser más selectivos, a distribuir mejor los sesgos de las carteras, a mantener posiciones más diversificadas por posible incremento de riesgos geopolíticos e ir posicionando las carteras de renta fija hacia una menor duración, pero la búsqueda de rentabilidad frente a las pérdidas seguras en posiciones refugio, seguirán impulsando una dinámica positiva en los mercados globales.
Este artículo fue previamente publicado en el blog corporativo donde trabaja Rafael Romero http://blog.unicorppatrimonio.es/2017/10/05/7168/

Mucho ruido de fondo en los mercados

Terminamos el verano con creciente incertidumbre, con mucho ruido de fondo que condiciona la definición de estrategias (situación de Corea del Norte, Trump, los posibles movimientos de menor apoyo de los bancos centrales,  la fuerte revalorización del euro, etc.). Tomar decisiones en entornos de incertidumbre suele llevar a errar en la decisión si minusvaloras o sobrevaloras los riesgos y oportunidades, o simplemente te atenaza la situación y te quedas a la espera.
Si la inversión de tu patrimonio tiene un objetivo de larzo plazo, solo una visión más estratégica puede ayudarte a descartar el ruido y quedarte con la esencia, y la realidad es que se mantiene una positiva evolución de la economía global que debiera de implicar la normalización de las políticas monetarias más pronto que tarde, pero seguimos con ausencia de presiones inflacionistas generalizadas. Muchos factores están detrás. De ellos hemos hablado mucho en otros informes, como la globalización, demografía, robótica, comercio electrónico, etc. que aumentan las apuestas a mantener las tasas bajas durante periodos cada vez más largos.
Crecimiento económico con tipos de interés bajos, implica para las empresas la oportunidad de mantener y hacer crecer sus beneficios empresariales durante los próximos trimestres, y para los inversores su necesidad de afrontar cierta inversión en activos de riesgo, tanto de renta fija como de renta variable.
En Europa, el actual goteo a la baja de las bolsas ya parecen haber descontado un peor escenario para las compañías más exportadoras (por la evolución del euro que le resta competitividad exterior), así como del sector financiero en el retraso de una subida de tipos de interés, pero no parecen tener en cuenta que los riesgos políticos se han reducido, que el crecimiento es sostenible, que la expansión económica está favoreciendo a la mayoría de los países, y sobre todo que  los buenos datos de demanda interna pudiera compensar la posible desaceleración de las exportaciones.
Aunque el euro se ha revalorizado casi un 15% este año, debemos considerar que esta apreciación no afecta a las empresas que orientan más sus ventas a su país y al resto de socios europeos. Por otro lado, los estudios de otras tendencias alcistas del euro parecen mostrar que las ventas y beneficio de las compañías europeas tienen mucha más correlación con el ciclo económico que la evolución de la divisa. Además, se compensan con unos menores costes de la energía (el petróleo se paga en dólares) y menor presión inflacionista, que llevará por tanto a meno presión en los costes salariales y financieros.
En EEUU, los inversores siguen esperando las promesas de Trump de elevar el crecimiento y crear millones de puestos de trabajo, con una administración que parece incapaz de sacar adelante ninguna reforma económica. Muchos analistas comienzan a pensar más en una etapa continuista, que dada la debilidad que acumula su divisa, pudiera facilitar que la economía estadounidense se mantenga positivamente.
Es probable que alguna medida de recorte de algunos impuestos y aumento de algunos gastos pudiera implementarse, pero Trump no hará nada especialmente revolucionario. La realidad es que sus bolsas aunque han tenido un buen año, para un inversor europeo le ha llevado a pérdidas (salvo que haya invertido en el sector tecnológico), y ahora las valoraciones son altas, lo que aconsejaría ser prudente.
Así mismo, la opción de invertir en deuda pública a corto plazo no interesa salvo que sea el miedo a un desenlace bélico (que vemos con probabilidad muy pequeña) el factor determinante de la decisión, dada la rentabilidad negativa que ofrece. La posición de liquidez pudiera mantenerse temporalmente como un activo estabilizador de la volatilidad y a la espera de oportunidades, pero dado que hay ya inflación positiva, no parece una actitud muy responsable si la mantienes mucho tiempo, ya que tienes la certeza absoluta de que tu patrimonio “real” irá reduciéndose (por el efecto de la inflación e impuestos).
Sin duda, la situación de apoyo constante de los bancos centrales no va a durar eternamente. Pero el ritmo y profundidad de los cambios en la política actualmente expansiva, sí que puede ser distante de los que muchos piensan. De hecho hay voces discrepantes incluso en el seno de estos bancos sobre la línea de actuación a seguir. Demorar en exceso las medidas implica menor capacidad de respuesta futuras, pero cuando las cosas van bien como ahora,  surgen las dudas de qué puede pasar si quitas la asistencia. Esto hará ralentizar el proceso, tanto en EEUU como en Europa.
  • Con el actual escenario parece sensato considerar un posicionamiento algo más conservador en las carterascon un aumento del posicionamiento en renta fija (por reducción de inflación y menores expectativas de decisiones de Bancos Centrales) y cierta infraponderación a los índices bursátiles.
La posición de renta fija debiera de estar inclinada a los bonos de crédito, aunque tiene un limitado potencial de estrechamiento de los diferenciales, pero los ingresos que generan son interesantes frente a la seguridad de los gobiernos, y además en la fase actual de la economía, las tasas de incumplimiento seguirán siendo muy bajas.
Creemos que mayoritariamente habría que estar en bonos de calificación de grado de inversión, pero también asumir algo de inversión en bonos subordinados, preferentes, activos titulizados, high yield, emergentes e incrementar el peso de fondos de renta fija con gestión de valor relativo, así como gestión alternativa, para mejorar la diversificación de estilos y alcanzar rendimientos más estables.
Por otro lado, una infraponderación a los índices bursátiles no significa abandonar la bolsa, sino acudir a productos que exhiban una menor correlación a éstos, por tener una gestión más activa,  seleccionando  los valores por su valoración relativa, y añadiendo temáticas con visualización clara de sus perspectivas positivas a medio plazo.
Bajo ese prisma, las bolsas americanas tienen mayor potencial de caída al encontrarse cerca de máximos frente a las europeas, que ya han corregido. La debilidad del dólar pudiera ayudar a las compañías americanas más globales, frente a las pequeñas que buscaban el impulso de las medidas de Trump, pero en sentido contrario, en Europa el euro pudiera ayudar a las compañías más centradas en el mercado interno frente al sector exterior.
Por otro lado, las bolsas en mercados emergentes pudieran seguir comportándose mejor que en los países desarrollados por las claras evidencias de un sostenido crecimiento de su demanda interna y las grandes oportunidades que se están generando actualmente, especialmente en Asia.
El riesgo de ruptura de los actuales equilibrios geopolíticos en Asia, Europa y EEUU se están ampliando, y este pudiera ser el principal factor desestabilizador para los próximos meses, por lo que hay que centrarse más en los valores y sectores con mayor potencial y mejor sesgo rentabilidad/riesgo, así como una mayor diversificación en la construcción de las carteras.
No obstante, el ruido de fondo no debiera impedir oír la buena evolución de la economía a nivel global, y los buenos resultados empresariales de las corporaciones que están adaptándose al nuevo entornogeopolítico, económico, sociológico, tecnológico y demográfico actual. Saber quién ganará y quien perderá en este “juego” cada vez más competitivo es lo más difícil.
En bolsas ahora hay que elegir las empresas que se quedan el negocio de su sector, las más talentosas, no las empresas más grandes que ponderan más en los índices. Se necesita un esfuerzo mayor en el análisis estratégico y una verdadera gestión activa (salirse de la normalidad del mercado).
Los tipos de interés seguirán muy bajos durante mucho tiempo y la liquidez es inmensa. Salvo shocks extremos no esperados, los mercados seguirán generando claras oportunidades de inversión, aunque con un menor potencial de retorno, pero ¿quién dijo que esto fuera fácil?

Las burbujas de Greenspan

Mucho se escribe de una posible burbuja creada en los mercados de bonos. El último en señalarla ha sido Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de los EEUU desde 1987 a 2006 en una reciente entrevista, señalando que los tipos de interés reales (descontando la inflación) a largo plazo están excesivamente bajos y, por lo tanto, son insostenibles. Cree que podría repuntar la inflación con fuerza sin crecimiento económico, una situación que se vivió en el pasado (en la época de Jimmy Carter) y fue muy negativa para los mercados.  


 En mi opinión, no es para nada comparable el mundo en la época de Carter como presidente de EEUU (1977-1981) que el actual. En dicha época vivieron una gran crisis anterior en el mercado del petróleo causada por la salida del patrón oro y la reducción de la oferta por la OPEP, lo que trajo una gran inflación de dos dígitos, tipos de interés muy altos  y desaceleró el crecimiento. Los tipos de interés llegaron hasta el 18% en los plazos cortos en 1980.

La tecnología ha avanzado tanto estos últimos casi 40 años, que hoy sabemos que dispondremos de energía barata durante mucho tiempo, porque el petróleo cada día que pasa es más sustituible. Adicionalmente, enormes reservas de petróleo difícil de explorar y refinar, ahora están disponibles precisamente por los avances tecnológicos. Otros factores como la demografía, la globalización, las facilidades de comunicación, etc. influyen notablemente también como impulsores bajistas de los precios y tipos de interés.

Greenspan se equivoca en visionar ese mundo apocalíptico. Con 91 años ya de edad, quizás no es capaz de entender cómo el mundo ya ha cambiado tanto, que no podemos usar el pasado para plantear el escenario futuro, al menos de forma tan categórica. Probablemente el haber sido él mismo, el detonante de la creación de las mayores burbujas de precios financieros recientes, como la tecnológica y la de crédito e inmobiliaria  (estuvo como Presidente de la fed desde 1987 hasta 2006), le hace insistir en sus recomendaciones para no verlas de nuevo.

Hay una interesante cita en el libro “Greenspan’s Buble” sobre sus errores de predicción anteriores. En 1987 cuando se analizaba si era la persona adecuada, un senador le recordó las predicciones hechas diez años antes por Greenspan sobre los bonos a diez años y la inflación en EEUU, y la realidad fue que predijo que los bonos estarían al 4.4% y resultó el 9.8%, y la inflación predijo un 4.5% y resultó 9,2%. ¿Saben que dijo Greenspan para defenderse? Pues que es muy difícil hacer pronósticos.

Greenspan siempre actuó para salvar al mercado. ¿Alguien recuerda que los tipos de interés en julio de 1995 estaban en el 6% en EEUU y Greenspan los bajó al 0.25%? Se acuñó la expresión “La Put de Greenspan”, que sería como decir que siempre estará ahí la Fed para salvar al mercado, y facilitó la especulación financiera, el uso de derivados, la contabilidad creativa…

Cuando llegaron voces de que se montaban burbujas, Greenspan comentó (en 1999): “Las burbujas por lo general son perceptibles únicamente después del hecho. Para identificarlas por adelantado se requiere estar seguro de que cientos de miles de inversionistas informados estén completamente equivocados. Normalmente, apostar en contra de los mercados es, en el mejor de los casos, inseguro”.

La realidad es que la primera vez que habló de burbujas Greenspan fue en 1994 y tres años más tarde el S&P ya había duplicado su valor, y tras caer en 1998, volvió a duplicar su nivel hasta 2001 (en la burbuja tecnológica). En fin, esto nos sirve para entender que debemos tomarnos las predicciones de los gurús con un poso de sentido común.
 

La situación actual no elimina, por supuesto, que veamos en algún momento el inicio de subida de las rentabilidades de los activos de renta fija hacia una senda más normalizada, y evidentemente debe contemplar una rentabilidad a medio plazo consecuente con la remuneración del riesgo de pérdida adquisitiva por el efecto de la inflación.

Y por ello sigue siendo recomendable mantener duraciones cortas en las carteras, y especialmente no tener carteras con bonos de gobiernos considerados refugio (como el bono alemán), que pudieran ser lo que más sufrieran si cambia el sesgo del mercado.

Pero los desencadenantes de un posible “pinchazo” no parecen llegar, no se visualizan, y los pinchazos surgen cuando la gente vende. Y los bonos están en las carteras de los bancos centrales, y ellos pueden dejar de comprar, pero no van a ponerse a vender de forma agresiva. Algo habrán aprendido de la historia y la psicología humana. 


Cuando una multitud se muestra muy temerosa, y se genera una creciente inquietud, la normalidad suele desplazarse hacia la irracionalidad, pudiendo destruir lo avanzado en estos últimos diez años, y nadie quiere que esto se repita, aunque pudiera llegar en algún momento.

Hay que ser precavido, pero hay que estar en el día a día, porque las probabilidades de grandes caídas es pequeña en este momento, y no deberían de afrontarse grandes cambios en las estrategias de las carteras de inversión, porque la situación actual de recuperación de la economía con inflaciones ajustadas, tipos de interés bajos (aunque suban un poco) y pocas alternativas de inversión en un mundo que obliga a ahorrar e invertir cada vez más a medio plazo (por mayor longevidad), no ha cambiado ni va a cambiar.

El mercado parece tranquilo, con poca volatilidad, y empezado ya el mes de agosto, lo más probable que esta situación persista. No espero grandes cambios en las decisiones de los inversores, y menos de los bancos centrales. Habrá que seguir pendientes de los últimos resultados empresariales y de los datos macro.

Sin catalizadores para tomar decisiones de salir o entrar. Entramos en un periodo de posible lateralidad, pero deberíamos de afrontarlo con la relajación que el buen tiempo invita.


Fuente Ilustración: http://www.cartoonistgroup.com

Es la economía, estúpido

Dejo a continuación un artículo que me publicaron el pasado 18 de mayo 2017 en El Independiente firmado como Profesor de Finanzas en ESESA
“La economía, estúpido”, fue una frase que se hizo muy popular en la campaña electoral que en 1992 impulsó a la Presidencia de los Estados Unidos a Bill Clinton frente a George Bush, padre. La sentencia ponía el foco en la economía, la vida cotidiana de los ciudadanos y sus necesidades,  frente a otros factores de política exterior.
Nos encontramos desde hace muchos meses con muchos inversores españoles muy sorprendidos por el buen comportamiento de las bolsas, atenazados por el miedo desde el Brexit, la llegada del elefante Trump, y otros riesgos que van iluminándose, un día sí y otro también, desde la subida de tipos en EEUU, la salida de los estímulos monetarios del BCE a futuro, etc.
Muchos de estos inversores se encuentran infraponderados de riesgo bursátil. Permanecen con posiciones elevadas en liquidez, tomando de vez en cuando pequeñas porciones de riesgo cuando “lo ven claro”, que suele ser cuando los mercados llevan ya muchos días subiendo, para salirse al mínimo retorno y soportar las caídas, cuando llegan, con toda su intensidad. Solo una decidida tendencia alcista les va salvando de sus desaciertos, siempre que hayan repartido las apuestas con cierta prudencia.
La realidad es, que los mercados bursátiles se mueven por las expectativas de crecimiento de los beneficios futuros, y estos se anclan en las previsiones de datos económicos, y estos a su vez en la tendencia de sus componentes y expectativas futuras de consumidores, empresarios y gobiernos, que pueden seguirse a través de las encuestas de sentimiento y planes anunciados.
Nadie puede negar que prosigue la consolidación de una clara tendencia positiva en términos económicos, no solo en España, sino a nivel global, parcialmente impulsada por las políticas monetarias expansivas de los últimos años,  aupada los últimos meses en un cambio emocional de inversores y empresarios que han reanimado las decisiones aparcadas de consumo e inversión, y con la vista puesta a que la política fiscal tome el relevo.
Sí, es la economía, estúpido, la que está moviendo los hilos de los mercados, en un proceso de normalización económica que está ofreciendo hasta ahora la cara más positiva en términos de crecimiento e inflación, y además con una sincronización en todo el mundo.
Si observamos las previsiones de crecimiento, se esperan mejores datos para este año 2017 que el anterior, y una continuación de la tendencia para 2018, lo que alienta las expectativas de mejora de beneficios empresariales, especialmente con los bancos centrales apoyando, con mejora del empleo, elevados niveles de confianza, mejoras del sector inmobiliario, etc.
Es cierto que no se deben subestimar los riesgos actuales, como la incertidumbre geopolítica global, el exceso de optimismo con Trump,  crecimiento en China, etc., así como una previsible normalización de las curvas de tipos de interés hacia niveles por encima de las inflaciones esperadas, pero al día de hoy, la situación sigue calmada, y la inflación poco presionada, con el precio de la energía más estable y factores deflacionistas que llegan desde la innovación tecnológica, la globalización, la demografía, etc.
Estos factores ya están descontados en los mercados. Son los hechos no conocidos los que los moverán con mayor intensidad, hacia arriba o hacia abajo.
Cuando lleguen las caídas, no debería de asustarnos si no cambian las expectativas macroeconómicas futuras, porque la normalidad del mercado es observar movimientos al alza y a la baja, pero las tendencias a medio y largo plazo se fundamentan en la economía y los beneficios empresariales, y esto es lo que tenemos esencialmente que vigilar.