“Una vida con cero riesgo es una fantasía, porque en sí vivir es un riesgo”. Esta reflexión de Anne Dufourmantelle, filósofa y autora de Elogio del riesgo, centraba su consejo de vivir una vida que aceptara los riesgos, ya que «vivir sin riesgos es realmente no estar viviendo».

Sabemos que asumir riesgos es tener la posibilidad de que se produzca, en algún momento, un contratiempo que me produzca un perjuicio, pero debemos ser conscientes de que siempre estamos asumiendo riesgos de todo tipo, porque el riesgo está implícito en la vida.

La conocida cita de que «la fortuna sonríe a los audaces», del poeta romano Virgilio en La Eneida, ya nos invitaba a reflexionar sobre la connotación positiva del riesgo, ya que siempre está asociado a la oportunidad de encontrar un mayor beneficio, dígase en nuestra vida personal, laboral o patrimonial.

Cuando pensamos en el riesgo de una cartera de inversión, solemos hablar del riesgo de observar pérdidas en la valoración de nuestro patrimonio. Para medirlo, usamos el concepto de volatilidad, una medida de la variación que ha sufrido el valor de una cartera en el pasado y que siempre viene asociada a la búsqueda de un mayor o menor rendimiento.

Asumir variaciones en el valor de nuestras inversiones, es el precio emocional para alcanzar mejores rentabilidades a futuro, pero el verdadero riesgo es no saber lo que estás haciendo, como pensaba el gran inversor Warren Buffet.

El riesgo de posibles pérdidas siempre convive con nosotros, incluso cuando decidimos no invertir nuestro dinero para evitarlo, ya que, en realidad, estamos asumiendo el riesgo de pérdida de poder adquisitivo por el efecto de la inflación.

Nuestro principal reto debería ser mantener y hacer crecer nuestro patrimonio para abordar nuestras necesidades y objetivos vitales futuros, como el desafío de una vida más longeva, donde el riesgo es que no dispongamos de los suficientes recursos.

Mediante un ejercicio de planificación financiera personal podemos entender cuál es nuestro perfil, cuánto riesgo podemos asumir y qué rentabilidad objetivo necesitamos como punto de partida para seleccionar las inversiones más adecuadas en nuestro caso.

Entender el riesgo y adecuar el de nuestras carteras a nuestros objetivos y a nuestro perfil, es fundamental para lograr nuestras metas, para que podamos comprometernos con nuestro plan de ahorro e inversión en el medio y largo plazo, y evitar la tentación de tomar decisiones que perjudiquen nuestro futuro movidos por la emoción del momento.

Llegarán nuevos riesgos y oportunidades, pero recuerden que en la vida hay tres cosas que no vuelven atrás: la flecha lanzada, la palabra pronunciada y la oportunidad perdida.

Artículo publicado en el Diario Sur, el 2 de febrero de 2020, en el suplemento Dinero y Empleo.

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