En un mundo donde la innovación es la clave del progreso, las soluciones más revolucionarias no siempre surgen de crear algo nuevo, sino de reinterpretar lo existente. Este fenómeno, conocido como exaptación, tiene su origen en la biología: características diseñadas para un propósito evolucionan para cumplir otro. Las plumas de los pájaros, inicialmente adaptadas para regular la temperatura, acabaron posibilitando el vuelo. Del mismo modo, las alas de los pingüinos, que antes servían para volar, ahora se utilizan para nadar con gran eficiencia. En la innovación, la exaptación nos invita a explorar cómo tecnologías o ideas creadas para un contexto pueden generar valor en otros inesperados.
El éxito de la exaptación está íntimamente ligado a la diversidad cognitiva. Según Scott Page, la capacidad de un grupo para resolver problemas complejos depende tanto de la habilidad de sus miembros como de su diversidad. Equipos diversos, con perspectivas y conocimientos distintos, multiplican las posibilidades de descubrir usos alternativos de tecnologías y redefinir problemas. Esta pluralidad, clave en empresas líderes como Google o Tesla, es fundamental para convertir la complejidad en oportunidades.
La inteligencia artificial (IA) actúa como un catalizador exponencial en este proceso. Omar Hatamleh, asesor principal de IA en la NASA, destaca que «la IA no es solo una herramienta para optimizar procesos, sino una tecnología que puede descubrir conexiones inesperadas y crear valor económico exponencial». Su capacidad para analizar grandes cantidades de datos y encontrar patrones facilita identificar aplicaciones inesperadas y resolver desafíos complejos. Por ejemplo, tecnologías desarrolladas para análisis astronómico ahora se usan para diagnosticar enfermedades, un claro ejemplo de exaptación potenciada por la IA.
Sin embargo, este enfoque exige un cambio de mentalidad. Durante siglos, hemos sido educados para pensar de manera lineal, asumiendo que el futuro será una extensión del presente. Pero el ritmo de los cambios demanda pensar exponencialmente, lo que significa que hay que anticipar las posibilidades del futuro, y estar dispuesto a reformular los problemas desde nuevas perspectivas buscando soluciones fuera de los caminos tradicionales.
El futuro de la innovación necesitará una mayor capacidad de ver más allá de lo obvio. ¿Estamos preparados para este desafío?
Artículo publicado en diario Sur el lunes 16 diciembre de 2024

Deja un comentario