Trichet, la banca y los mercados

Artículo publicado en el diario y web de “El Economista” el pasado 7 de octubre de 2011. 

Trichet, la banca y los mercados

Tras ocho años de mandato al frente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet se despedirá sin bajar los tipos de interés en un entorno que invitaba a ello.

Ayer perdió una buena oportunidad de acomodar la política monetaria a la situación del mercado y la economía, con una reducción de los tipos de referencia que ya se descuenta para la próxima reunión, y basándose en las expectativas reales de menor crecimiento e inflación futuras. El BCE ha errado en las últimas decisiones tomadas.

Subestimó el impacto de la crisis de 2008 subiendo sus tipos de interés, y de nuevo este año volvió a equivocarse al subir los tipos en abril y julio en un movimiento poco meditado con respecto a la crisis de deuda periférica que estábamos sufriendo.

Las presiones del mercado, del FMI y otras instituciones han servido al menos para plantear un escenario de cobertura de las necesidades de liquidez de la banca , prestando dinero y ofreciéndose para comprar cédulas, un activo financiero respaldado por hipotecas o créditos. Lo anterior tendrá un impacto positivo en los mercados , ya que desde mayo no se veían operaciones nuevas de este activo por falta de interés, y permite a las entidades financieras cierto desahogo financiero en un entorno de escasez de compradores finales.

Además, hay un claro cambio de sesgo en cuanto a las decisiones futuras. El BCE es muy consciente de los riesgos que genera la situación actual, pero manteniéndose en su función, la estabilidad de los precios, aspira a que los Gobiernos europeos también hagan su trabajo.

Generar confianza

Las autoridades europeas parecen ser más conscientes de que necesitan imperiosamente generar confianza entre los inversores, y esto pasa ahora por solventar la reciente traslación del riesgo de la deuda hacia una crisis bancaria, dada la incapacidad de las entidades financieras de acudir a los mercados de financiación mayorista. Se precisa un esfuerzo para que se capitalicen las entidades, y parece clara la voluntad política de realizarlo. El FMI valora las necesidades de la banca entre 100.000 y 200.000 millones de euros.

Dexia, el banco franco-belga, ha sido el primero que ha necesitado el respaldo de su Gobierno en esta nueva etapa que estamos viviendo, pero vendrán muchos más si el miedo se vuelve pánico. Las expectativas de quiebra de los Gobiernos se trasladan a los bancos, que son sus acreedores, y ésta es la antesala de una recesión, por la falta de confianza y de traslación de crédito a empresas y familias, incrementando finalmente el desempleo, justo cuando sólo la creación de puestos de trabajo puede estabilizar la situación actual.

Situación griega

En cuanto a Grecia, el forzarle a unas medidas de austeridad draconianas no hace sino llevar al país a una situación insostenible, social y económicamente, manteniendo la incertidumbre en todo el mercado.

Si todos estamos de acuerdo que Grecia no es capaz de pagar su deuda, será mejor plantearse una fuerte quita de su deuda o incluso nuevos e imaginativos planes, como los comentados hace unos días en prensa extranjera con respecto a la posibilidad de traspasar activos de titularidad pública por 125.000 millones a un fondo europeo, reduciendo por debajo del 90 por ciento del PIB su deuda.

Estos negocios podrían recibir una inyección de capital y una mejora de su gestión que permitiera la reactivación del crecimiento, empleo y la recaudación por impuestos, vendiéndolos diez o quince años más tarde.

Esperanza de actuaciones firmes

Los mercados ahora sí que apuestan por actuaciones firmes. Esperan medidas de relajación monetaria, compras de activos y la recapitalización bancaria. Grecia deberá quebrar ordenadamente, con una pérdida limitada de las instituciones privadas.

Necesitamos un Ministerio de Finanzas Europeo, con objetivos, reglas y controles bien definidos, así como un Fondo Europeo de Estabilización Financiera con mayores recursos y que pueda proporcionar financiación a los países con mayores problemas. Asimismo, necesitamos una supervisión bancaria con reglas comunes en Europa.

En este entorno, los inversores empiezan a valorar los esfuerzos realizados, minusvalorando las noticias más negativas. Los mínimos en las bolsas empiezan a consolidarse y las apuestas empiezan a sesgarse hacia la oportunidad de tomar activos de riesgo. Las bolsas ya han ido reaccionando, pero los mercados de bonos mantienen todavía un escenario de excesivo pesimismo, generando buenas oportunidades de inversión en empresas de calidad.

Rafael Romero. Director de Inversiones en Unicorp Patrimonio. (Grupo Unicaja).

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