El Nobel de Economía Paul Krugman comentó en 2010 tras la crisis financiera: “La mayor parte de los avances de esa ciencia lúgubre que es la economía en los últimos 30 años son espectacularmente inútiles en el mejor de los casos, absolutamente dañinos en el peor”.

Nouriel Roubini, un economista norteamericano que ganó mucha notoriedad por acertar unos años antes la recesión económica desencadenada en 2008 por la crisis de las hipotecas en Estados Unidos, se ganó el apelativo de “Dr. Doom” (Doctor Catástrofe). De ser un profesor poco conocido, pasó a recibir invitaciones como conferenciante ante instituciones tan influyentes como el Congreso de los Estados Unidos y el Foro Económico Mundial en Davos.

Se convirtió en una estrella mediática, el gran oráculo que los políticos y banqueros querían tener a su lado. Justo después, ya vendía millones de libros, participaba en películas, firmaba autógrafos, empezó a invertir en arte, se compraba un loft en Nueva York y empezó a organizar multitudinarias fiestas. Por supuesto, abrió una consultora y se dedica a predecir el caos insistentemente.

El Doctor Catástrofe, sin duda, pronosticó la crisis de 2008 desde el inicio, pero siguió pesimista en 2009 y 2010, cuando ya existían brotes verdes y las bolsas rebotaban con fuerza. En 2011 pensaba que llegaría una tormenta perfecta hacia 2013 por diversas situaciones en Estados Unidos, Europa, China y Japón que hoy se mantienen, y así ha seguido hasta ahora (vaticina una nueva grave crisis financiera en 2020), aunque los principales índices bursátiles globales han duplicado y triplicado su valoración desde marzo de 2009 y esto es una realidad incuestionable.

En general, los inversores tienden a perseverar en las creencias y experiencias anteriores, que suelen conducir a tener juicios sesgados, como el de confirmación, que consiste en buscar y sobreponderar información selectiva que confirme tus propias creencias, e infraponderar las que pudiera contradecirlas.

Si tus inversiones no fueron acertadas, buscarás a los “doctores Catástrofe”, asimilarás su visión y los acompañarás. Tu mente creará una especie de punto ciego, como mecanismo de defensa psicológico, para ignorar otra información que no alimente los sentimientos compartidos del grupo seguidor. ¿Cómo podrían estar equivocadas estas personas tan eminentes?

Robert J. Shiller, Nobel de Economía, comentó recientemente la dificultad de predecir las tendencias bursátiles por la importante influencia que tiene la espontaneidad en la conducta humana. Para no caer en el error, asumamos estrategias de inversión asociadas a objetivos de rentabilidad acordes con nuestras necesidades y plazos de consecución basándonos en los datos históricos promedios en el largo plazo.

Razones frente a emociones.

Este artículo se publicó en el dominical de Dinero y Empleo del Diario Sur, el domingo 7 de abril de 2019