Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo, decía George Santayana. Aunque todos queremos olvidar este 2020, conviene recordar las lecciones que nos ha ofrecido para preservar y hacer crecer nuestro patrimonio en el futuro.

En 2020 hemos aprendido que hay que ser más resiliente, no solo en el plano personal, sino en el plano patrimonial, para abordar un entorno que puede seguir siendo volátil, incierto, complejo y ambiguo a medio plazo. Este escenario conviene abordarlo con una mejorada planificación de nuestro patrimonio, y estrategias de ahorro e inversión que tengan en cuenta el fundamental principio de diversificación entre distintas clases de activos, teniendo en cuenta nuestras necesidades de rentabilidad, fiscalidad y liquidez.

Aunque es previsible que tomemos decisiones de inversión movidos por nuestros instintos, este 2020 mostró que el patrimonio financiero sigue siendo una inmejorable alternativa de inversión si la gestión se apalanca al crecimiento de la economía mundial, muy favorecida por las políticas de tipos de interés nulos, las compras de activos de los bancos centrales y el impulso de las ingentes ayudas e inversiones futuras de los gobiernos en sectores con enorme potencial.

Todos tenemos una inercia cognitiva, una resistencia a no cambiar de ideas, pero conviene recordar que los activos financieros, además, son los que pueden ofrecer la liquidez que necesitemos para sortear los obstáculos en caso de necesidad. Por ello, para los ahorradores sería aconsejable buscar un mejor equilibrio entre sus bolsillos financiero, inmobiliario y empresarial, mejorando su fiscalidad personal y facilitando una mayor resiliencia patrimonial.

Reflexionar sobre nuestra sucesión, sobre una posible dependencia, sobre cómo alcanzar y mejorar la rentabilidad financiera y fiscal de las rentas que voy a necesitar desde distintas clases de activos, entre otros, son asuntos que estaban, en muchos casos, pendientes y que 2020 nos ha recordado que debemos afrontar.

Como escribió Alvin Toffler, los analfabetos del siglo XXI no serán quienes no puedan leer ni escribir, sino los que no puedan aprender, desaprender y reaprender. Abandonemos las viejas convicciones y creencias, y estemos preparados para un mundo transformado.

Artículo publicado en Diario Sur, suplemento Dinero y Empleo, el domingo 10 enero 2021

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